viernes, 3 de abril de 2009

MIÉNTEME


MIENTES, y lo sé.

Mientes,
cuando dices que ya no recuerdas aquellos días…
mientras tu mirada lasciva me recorre FURTIVAMENTE de pies a cabeza.

Mientes,
cuando dices que mi voz cadenciosa ya no te atrae…
mientras tu nuca despierta erizada al susurrarte MALDADES al oído.

Mientes,
al decir que olvidaste mi PERFUME
cuando te noto deleitarte secretamente con su aroma en mi cuello.

Mientes,
cuando dices que borraste mis labios de tu memoria,
mientras ENTREGAS tus ojos para buscar mis besos con premura.

Mientes,
cuando dices que mis caricias ya no te alteran,
mientras tu polla encabritada APUNTA descaradamente hacia mí.

Mientes,
cuando dices que conseguiste olvidarme…
mientras te FUNDES jadeando, caliente, loco, desesperado, dentro de mí.

Mientes.
Y creo que jamás me DIVERTÍ tanto,
como oyéndote a mi lado, mintiéndome así.

Para J.
Por las mentiras que conformarán siempre nuestra realidad.

viernes, 6 de marzo de 2009

HAY DIAS...

Hay días muy perros... Sí, lo sé.

Pero igualmente hay otros, sencillamente EXCEPCIONALES.

De esos que quedarán marcados para siempre en el calendario de tu vida, porque has tenido la íntima sensación de que el cosmos se alineó a tu favor, provocando que una serie de experiencias increíbles sucediesen, una tras otra, con una FLUIDEZ y facilidad pasmosas. Días en que la vida te asfixia el conocimiento racional inundándote con sorpresas para el alma. Días por los que mucha gente mataría (o desearía hacerlo) si con ello consiguiera vivirlos, aunque fuese UNA sola vez, en su triste y rutinaria existencia.


Primera sorpresa: LA COMIDA

Todo empezó con una comida inesperada. S me llamó porque había quedado con SL y a la vez, ella con F. Así que a S se le ocurrió que sería buena idea comer los 4 juntos, sabiendo de mis peculiares intereses comunes con SL y de mi declarada ILUSIÓN por conocerla.

Conocer a gente nueva es por lo general un hábito muy interesante, y casi siempre de lo más placentero. Y en este caso, doblemente, cuando 4 personas que se conocen de una a una, se juntan y cuadran de una forma tan NATURAL como espontánea.


Segunda sorpresa: EL CAFÉ


Todo aquel que se precie en conocerme, sabe que me gusta compartir el café. Porque creo que existe un entorno MÁGICO ligado en torno a ese momento, a esa mesa, a esa taza… aunque sea de papel y las cucharillas un patético palo de madera.

Y ese día, ni remotamente hubiera imaginado acabar tomando café con un grupo de personas desconocidas y tan interesantes. A los 4 de la comida se nos unió uno mas, M, al que adoptamos también finalmente de una forma “curiosa cuanto menos”, y precedida de un millón de risas… gracias a un tipo fuera del local, todo sea dicho.

La sala estaba llena hasta llena, pero en nuestra mesa, ya se había creado esa atmósfera aislada de la que os hablo, ideal para la charla distendida, las confesiones, las complicidades, para los momentos de a 2, de a 3, incluso de a 5… la verdad, me siento realmente AFORTUNADA por haber compartido un rato tan divertido como especial, y repleto de tantos matices.


Tercera sorpresa: LA TARDE

El café de sobremesa, acabó con un reto…

-“Bueno, a ver... ¿a quién atamos?” - soltó de sopetón SL con un tono perversamente divertido.

Y después de las primeras composiciones de lugar, cuatro de aquellos cinco acabamos en una habitación de hotel. Había un claro voluntario. Pero lo que allí sucedió, por lo tremendamente especial y EMOTIVO de esa experiencia, lo dejo para mi memoria y la del resto de los protagonistas. Sólo decir que doy gracias a todos y cada uno de ellos, por haberme hecho partícipe de un momento compartido tan delicioso, y que SIN DUDA alguna, formará parte para siempre del imaginario de mi existencia.


Cuarta sorpresa: LA NOCHE

S, SL y yo, continuamos exprimiendo la última parte de la tarde, charlando y tomado algo. La siguiente estación era una inauguración, la de la EXPOSICIÓN fotográfica de un amigo. Era en un local del centro, pequeño pero adecuado, donde pudimos disfrutar de parte de su trabajo (nos quedamos con ganas de ver más) y de su compañía, así como la de mucha otra gente allegada o conocida del mundillo.

("Féetish" by Zor - Exposición gratuita en Underwood (C/Infantas, 32 - Madrid) del 5 al 18 de marzo 2009)

Yo por mi parte, esperaba poder ver también a MG, que sabía que iba a ir, tal y como me había informado por mail. Hacía realmente bastante tiempo que nos escribíamos, y aunque había habido varias ocasiones antes para conocernos personalmente, siempre descuadraron al final nuestras agendas en tiempo o lugar. Pero claro, en ese día tan especial, desde luego, no iba a ocurrir así.
Desde luego, la sorpresa más IMPACTANTE de todas estaba por llegar, y fue descubrir que de entre las miles de personas anónimas que el azar une virtualmente mediante el email cada día, MG era… “miMG.

¿Qué PROBABILIDAD puede existir de que dos personas que se encuentran y conocen casualmente en la red, a través del enlace en un blog cualquiera de un tercero, y empiezan a intercambiar mails, puedan ser ya conocidos de antemano? ¿y SIN SABERLO mientras se escriben? Aparte de en las películas tipo “Tienes un email”… me temo que las probabilidades son más bien escasas.

Pero hay días, ya os digo, que la vida es caprichosa o los duendes se aburren, y hasta las cosas más inusitadas pueden como por arte de magia, llegar a SUCEDER

…como volver a encontrarme con MG y su mujer, SS, a quienes había perdido la pista desde hacía miles de años...

...como descubrir que el tiempo no borra en tres mentes distintas los deliciosos recuerdos pasados, ni las intensas experiencias compartidas... (y que por ello aún seguiste en su memoria durante todos estos años...)

…o como el intuir veladamente entre los besos y miradas de nuestra despedida, que no se trataría de un simple HASTA LUEGO más.


Quinta sorpresa: LA MADRUGADA

Puede que yo sea de ideas fijas en cuestión de educación, pero encuentro extremadamente de buen gusto, irte de un sitio junto con aquellos por quien llegaste acompañado. Y es por ello que, aún siendo joven la noche y PROMETIENDO lo indecible por múltiples vías, S, SL y yo, apelamos a nuestro sentido de la responsabilidad hacia nuestro trabajo, para retirarnos prudentemente temprano.

Cuando nos despedimos los tres, ni el viento frío y desagradable de la noche consiguió empañar la ternura, el agradecimiento, y el deseo contenido, envuelto en el más cálido y SINCERO de los abrazos… (y eso que S no es cariñoso, jajaja) ;-P

Llegué a casa.
Radiante, FELIZ, con el alma plena… embebida de una alegría de vivir imparable… totalmente SOBREPASADA aún, por el bombardeo de los exquisitos recuerdos y sensaciones, regalos todos ellos extraordinarios con los que el destino hoy me DELEITÓ a placer. Ya dicen que el tiempo es relativo, pero la intensidad de todos esos momentos, convirtió lo que fueron apenas unas horas, en toda una inusual y longeva experiencia de vida.

Y quizás en COMPENSACIÓN por las muchas otras sorpresas que yo había decidido perdonarle a la noche en pro de mi profesionalidad, la vida en sí misma -o quien demonios maneje mis hilos desde el lado oculto de mis vivencias-, decidió CONCEDERME aún, una última sorpresa más: poder compartirlo con una amiga muy especial.

Y así, de madrugada como es nuestra costumbre, y como colofón a ese mágico día intensamente VIVIDO con mayúsculas, nos vimos por primera vez las caras, tú y yo, mi querida, preciosa y admirada MI.


Sexta sorpresa: LA QUE NO FUE

Hace poco JC me comentó que gracias a uno de mis post, había descubierto un cierto morbo oculto por el fetichismo, dentro de sí. De algún modo, él quería estar a mis pies, y yo decidí brindarle la oportunidad de ganárselo… o al menos de dar el primer paso para ello, que era conocernos en persona.

Días atrás él dijo que confiaba en mí, y yo le dije que le prepararía una sorpresa. Por eso le reté a acometer una pequeña locura: aparecer y RECONOCERME esa noche en la exposición, en medio de la multitud, contando como únicos datos con mi nombre, color de pelo, color de ojos, y mis gustos por la dominación.

El, o mejor dicho su ego, estaba seguro de ser capaz de conseguirlo… pero a la hora de la verdad, en el último momento, sus propios límites se impusieron a su deseo, y su mente le obligó a darse por vencido antes siquiera de plantearse dar una oportunidad a las pequeñas aventuras que te propone la vida.

No pudo ser, son cosas que pasan.


Pero hay que ser CONSCIENTES que, con lo difícil que es atrapar y retener un momento especial en el tiempo, siempre merece la pena intentar luchar por conseguir uno. Sea cual sea el resultado final. Arriesgarse para vencer tus propios miedos y limitaciones, es lo que en realidad, en cualquier parcela de tu vida, te hará CRECER, abrirá tu mente y liberará tu alma.


Epílogo

Yo siempre digo que, quizás, para que te sucedan cosas excepcionales, la CLAVE es estar atento a las señales y dispuesto a que te ocurran. A partir de ahí, la vivencia vive ya latente ante ti, y simplemente se trata de decidirse a dar un paso más cuando sea necesario.

Hay veces que la gente me dice que envidia todas las experiencias tan maravillosas que relato en mi blog. Y quizás les parece que no cuesta nada, que suceden sin más, porque sí. Y no es así. Pero lo que hay que entender, es que si realmente DESEAMOS que nos pasen cosas increíbles, la elección primera y última está siempre en nuestras manos.

Puede que yo ese día tuviese suerte, una disposición especial, un exceso de energía positiva, o puede que se aunara de golpe todo el KARMA perdido del universo, para llegar y concentrarse humildemente en mí... No lo sé.

Pero lo que sinceramente sí empiezo a creer, es que existe un pequeño hilo, a modo de cuerda INVISIBLE, que une todas y cada una de las pequeñas vivencias maravillosas de tu vida… y vale la pena tirar de él.


Hay días... en los que la vida realmente te compensa, con creces, el gran esfuerzo de haberte levantado a vivirla.
Por todos vosotros: S, SL, F, M, MG, SS, MI y JC.
Por ser coprotagonistas de un día inolvidable.


sábado, 14 de febrero de 2009

LA TARDE EN TUS OJOS

DIEZ años… -¿ya tanto tiempo?-
En ese instante me pareció sentir que habían pasado realmente RÁPIDO, sí… pero no tanto como pasó la tarde en que volvimos a vernos, a decir verdad.

Siempre te gustó ESE parque.
Los árboles de hojas ambarinas filtraban los últimos rayos del sol otoñal. El mismo sol que ahora INCENDIABA a jirones un lado del cielo en un atardecer bellísimo… mientras al otro lado, la luna pálida, enorme y redonda se desperezaba tempranamente. Y al frente, tú. y tu mirada de ojos de hiedra, desafiándome y taladrándome de deseo, como antaño... diez años atrás.

Nos sentamos en NUESTRO banco, sin mediar palabra.

Me BESASTE.

Primero con cautela, y luego con fruición, arrancando aquella pasión ya OLVIDADA de mi boca, mordiendo mis labios con la furia y el DESASOSIEGO de quien bebe su última gota de agua, sabiéndose perdido en el desierto... Hay sentimientos que se pueden ignorar, DISFRAZAR, en una comida con amigos. Pero luego, a solas, es INÚTIL esconderlos sonriéndose a los ojos.

Y yo tampoco pude -ni quise- contenerme. Sólo intentarlo era ya pedirme DEMASIADO. Por eso RESPONDÍ a tu llamada, a tus labios y a tus brazos, y me enredé locamente en aquella maraña de besos frenéticos, allí mismo, en el parque. El intenso sabor de tu carmín, aquel dulce recuerdo mío, cobró VIDA de nuevo, transformándose en un poderoso elixir de emociones…

Y de nuevo, cerrando los ojos, volví a recorrer tus pechos de alabastro, desnudos para , como la primera vez, por entre tu camisa mal abotonada… volví a SENTIR la suave erección rosada de tus pezones, y tus manos en mi cuello, en mi pelo, en mi espalda, haciéndome vibrar con tus caricias… Volví a deslizar mi mano traviesamente bajo tu ombligo, por el camino INOLVIDABLE que lleva a tu sexo, cálido, palpitante, empapado como antaño… y como entonces, tú no parabas de besarme. Un escalofrío me recorrió desde lo más profundo de mi ser… y sí, confieso que me estremecí al escucharte de nuevo gemir, SUPLICARME jadeando, en mi oído, desacompasadamente, cada vez más y más rápido, agarrada a mi nuca… levantando tus caderas para frotarte sobre mis dedos, perdidos entre tus braguitas… instándome a penetrarte con ellos, sin más demora, enajenada ya, desbocada, crecida, ENFERVORECIDA… hasta que tus entrañas temblaron al fin sobre mi mano, totalmente empapada de tu placer.

Después te ABRACÉ... te abracé, como siempre.
Miento.

Te abracé como NUNCA, envolviéndote entera, intentando FUNDIR tu cuerpo con mi propio ser, consciente de mi VANO esfuerzo, tan inútil como intentar guardar el mar en un bolsillo… como intentar detener el tiempo… como retener un minuto MÁS tu esencia junto a mí, antes de verte desaparecer de nuevo... quien sabe si por otros diez años más.

Y lloré.
Lloré hacia adentro... sonriéndote mientras te alejabas en la noche, con aquella tarde –siempre NUESTRA tarde- aún viva en tus ojos.

Para ti, N.
Porque diez años no son nada, cuando vuelvo a recordarte.

sábado, 31 de enero de 2009

EL COLUMPIO

Sin duda todos, de niños, hemos vivido una excitante experiencia en común: las interminables tardes subidos en los COLUMPIOS.
Al principio, era tu madre quien te sentaba sobre ellos, obligándote a AGARRARTE bien a las cadenas, y ordenándote que NO las soltaras bajo ningún concepto, o acabarías cayéndote. Sólo así empezaba ella a EMPUJARTE por la espalda, con delicadeza, y comenzaba el delicioso JUEGO de mecerte en el aire desafiando al vacío. Luego, tú debías aprender a MOVER las piernas de una forma sincronizada hacia adelante y hacia atrás, si querías llegar a recrear el movimiento… y te REBELABAS ante tu madre, diciéndole que no te empujase ya más, que podías y querías hacerlo TÚ SOLO. Y aunque al principio lo conseguías con una TORPEZA enternecedora, poco a poco ibas cogiéndole el truco a las idas y venidas. Y supiste que el duro aprendizaje había valido la pena, cuando experimentaste aquel increíble placer de sentir VOLAR tu cuerpo, primero hacia adelante, luego hacia atrás, buscando llegar siempre arriba, mucho más ARRIBA
Y así es como entonces pasabas un DÍA fantástico en el parque, al que siempre estabas deseando volver.


Pero luego creciste, te hiciste MAYOR, y como siempre la vida te enseña que las cosas no son exactamente iguales que en tu infancia… ni los columpios TAMPOCO. Y paradójicamente, como miles de otros mitos que aprendes de niño, te percatas que la lección que tanto te costó aprender en su día, realmente ya no te sirve, porque ahora...

Ahora, en lugar del placer de columpiarte tú SOLO, lo que buscas y deseas es que haya alguien a tu lado que te EMPUJE... y no precisamente tu madre, sino alguno de tus amantes, quien se coloca ya no detras de ti, sino delante, para empezar a MECERTE con fuerza en el aire una y otra vez, volviendo a desafiar al vacío, como en aquellos tiempos… ¡¡Y claro que puedes SOLTAR las manos de las cadenas!! De hecho, no dudas en hacerlo para así poder agarrar con toda libertad algo más INTERESANTE… como una buena polla bien erguida con cada mano, por ejemplo. Y desde luego, no por ello acabarás cayéndote, porque mientras tu amante te provoca ese hipnótico VAIVÉN, adelante, atrás, adelante... tú sientes perfectamente cómo te SUJETA, por tu cadera, por tus muslos, por tu culo, PENETRÁNDOTE con su miembro empalmadísimo, que no para de entrar y salir, una y otra vez, empujando sobre tu coño totalmente resbaladizo, ANSIOSO y entregado.

Y entonces, GRITAS... gritas LIBREMENTE y cerrando los ojos, como cuando eras niña, porque vuelve a ti el único RECUERDO útil y veraz de aquel tiempo, en que como ahora, el PLACER máximo residía siempre en subir a lo más alto, en conseguir llegar ARRIBA, cada vez MÁS y más arriba… aunque para ello no necesites ya mover tus piernas, ATENAZADAS con sendos grilletes de cuero en los tobillos.

Ahora ya no es SÓLO tu cuerpo el que sientes que vuela, sino también tus PENSAMIENTOS, lascivos, morbosos, calientes, desbocados… al igual que tu cuello, tus tetas, tu vientre y el resto de tu cuerpo, DISPONIBLE para todas esas manos ANÓNIMAS que en la oscuridad te acarician, te recorren, te manosean impúdicamente… al igual que tu SEXO, abierto, empapado, goloso… y a merced de TODOS aquellos cuyos dedos y pollas quieran follárselo sin compasión.


Y así es como pasas una NOCHE fantástica, ahora, en un cuarto oscuro… en un COLUMPIO, al que como entonces, estás siempre deseando volver.


Para ti, C.
Porque me encantó poder columpiarme contigo.

lunes, 5 de enero de 2009

UN DOMINGO CUALQUIERA

Acabo de llegar a casa después de haber tomado un café con mis amigas y serán ya como las 7 y pico de esta tarde de DOMINGO, invernal y perezosa como otra cualquiera. Al entrar, veo de reojo a M repantingado en el sofá del salón, viendo el FUTBOL y lanzándole sugerencias a un jugador a través de la pantalla, que me temo no van a ser de mucha utilidad.
-"¿Qué tal ese partido, cariño?" - me acerco y le beso dulcemente

-"Pues lento y aburrido como pocos… y encima, ¡¡es que están jugando fatal, joder…!!”

Sonrío ante su RABIETA infantil dominguera, mientras me dirijo a la habitación para cambiarme y ponerme esa ropa tan cómoda y ANTISEXY, a partes iguales, que todas llevamos para estar por casa. ¡Fuera camisa entallada… sujetador de encaje… las botas de irresistibles taconazos… y finalmente, los vaqueros ajustados! ¡Estoy en mi casa y reivindico mis calcetines gordos de andar por el parqué, mi camiseta ancha de algodón y mi comodísimo pantalón de punto…! Y me da igual si combinan entre sí o no… es noche de domingo, basta de GLAMOUR por hoy.

Vuelvo al salón con M, quien sigue pegado a la tele, con mayor dosis de entusiasmo desde que metieron el último gol. Me siento en la alfombra a REMOLONEAR un rato, tras un día agotador, apoyando mis manos y mi cabeza sobre sus rodillas. M, instintivamente, comienza como siempre a acariciarme el pelo, mientras sigue soltando algún que otro “¡¡¡Uyyyy…!!!” de vez en cuando.

Yo cierro los ojos. Lo que pretendo es ABSTRAERME totalmente del entorno, de la narración estridente del comentarista, del juego de luces y sombras que emite la pantalla… Lo ÚNICO en lo que deseo realmente concentrarme ahora mismo, es los dedos de M enredando en mi pelo, masajeándome suavemente, y en el delicado PLACER que ello me produce. Quizás por eso, acabo meciéndome lentamente sobre las rodillas de mi chico, y desperezándome todo lo larga que soy hasta dejar mis brazos caer, VENCIDOS, al otro lado de sus piernas.

M me acaricia ahora la nuca, el cuello, baja sobre mi camiseta de algodón… Llega a mi zona lumbar, que ha quedado al aire por la postura, e introduce ahora su mano por dentro, para acariciarme la espalda, arriba, abajo, DESPACIO, hacia los lados, rozando y rodeando mis tetas… incluso me pellizca un pezón, que me hace dar un pequeño respingo… M increpa al árbitro. Luego, sigue acariciándome.

Yo estoy tan absolutamente absorta y relajada, que he decidido ENTREGARME… a M y al placer de RECIBIR todas las caricias que él quiera darme. Ahora está en mi cintura, y pasa la mano completamente abierta hacia mis nalgas, por debajo del pantalón. Decide bajármelo de un TIRÓN, junto con las bragas. Al ser la goma elástica, no oponen ninguna resistencia… y yo desde luego, tampoco. No pienso moverme, y además quiero que disfrute de esa VISIÓN que sé que tanto le gusta: de rodillas en la alfombra, con el culo al aire y mi tronco apoyado en sus rodillas… Sonrío para mis adentros, porque sé que hasta podría competir con la propia Champions, así.


El partido continúa, así como el mal juego del equipo. Lo sé porque a pesar de tener los ojos cerrados, siento la TENSIÓN con la que ahora M me agarra el culo. Por suerte, su mano se relaja y recorre despacito toda la superficie hasta acabar en la raja de mi coño. Vuelvo a dar otro respingo. Estoy tan excitada, que ya se me está haciendo INSUFRIBLE tanta lentitud, así que intento moverme un poco para que sus dedos se cuelen dentro. M retira su mano, mientras yo interiormente le maldigo. Ahora ha vuelto a acariciar mi espalda, dulcemente, por debajo de la camiseta y yo sinceramente, desespero. Pero no me muevo ni un ápice de donde estoy. La RECOMPENSA llega en forma de unos dedos traviesos manoseándome las tetas, amasándolas contra sus rodillas a través de la tela y jugueteando con mis pezones, retorciéndolos con suavidad.

Noto cómo un hilito de jugo húmedo empieza a escaparse por entre mis muslos, anunciando que mi coño ya no quiere esperar más. Al juntar mis piernas para restregarme, recibo un AZOTE inesperado, y esa misma mano me OBLIGA firmemente ahora a dejarlas separadas aún más... la misma mano que, a continuación, me coge bien el coño y empieza un vigoroso movimiento sobre mi clítoris. ¡¡Dios… es para morirse de gusto!! Y MAS, cuando la otra mano, al fin aparece en escena para seguir acariciando mi pelo, o mi cara, o para invitarme a CHUPAR alguno de sus dedos… y más aún, cuando siento cómo algo se endurece y se YERGUE entre las piernas de M, a la altura donde tengo apoyado mi pecho.

-“¡¡Vamos, vamos…, así!!” - repite M con entusiasmo.

Yo me RETUERZO de placer meciéndome de un lado a otro entre sus manos. Lo que no estoy segura es de si su comentario iba por mí, o por el delantero que acababa de robar un balón. Y como comprenderéis, me da absolutamente lo mismo, porque yo SOLO quiero seguir sintiendo su antebrazo pegado a mi culo, con sus benditos dedos FOLLÁNDOME el coño sin parar, y su otra mando meneándome de un lado a otro, casi con violencia, mientras yo jadeo y jadeo como una zorra, DELEITÁNDOME ya con el pedazo de orgasmo que estoy a punto de conseguir…
... y M lo SABE.

Quizá por eso, de pronto se para en seco, el muy CABRÓN… retira su mano y empieza a darme suaves PALMADITAS en mi coño, abierto, profundo, empapado y ardiente de deseo.

-“Uy, perdón… ¿querías correrte ya, cariño?” – la voz de M suena intencionadamente burlona – “Sabes que NO puedo dejar que lo hagas… sería muy feo por tu parte no esperarme... Además, quiero terminar de ver el partido.”

Yo lo MATO, os lo juro... ¡¡pero cómo se atreve a dejarme ASÍ!!

Pero mi instinto criminal se esfuma cuando vuelve a la carga para que mi deseo no se enfríe ni una pizca, y yo finalmente me RESIGNO a pasarme no sé cuánto tiempo más aún, caliente como una puta, lubricando encima de las hábiles manos de mi chico, y en la misma postura INDECENTE totalmente a su disposición.

De fondo se escucha al locutor y yo me esfuerzo más que nunca por entender algo así como que “fulanito está intentando zafarse por la banda derecha en una última ofensiva, a falta tan sólo de… 7 minutos para pitar el final de encuentro.” Siete minutos “tan solo” dice, el cabrón del comentarista. ¡¡Si supiera que para mí ahora eso me parecen 7 AÑOS…!!!

No creo que pueda esperar tanto. Las caricias de M ganan en INTENSIDAD y sus dedos juguetones entran y salen de mi coño INUNDADO, para pasearse a su antojo y extender toda mi humedad desde el clítoris a mi ano. Noto su polla apuntando a mis tetas debajo de la camiseta, más dura que nunca. Jadeo y me retuerzo de nuevo sin parar, FRENÉTICA, enloquecida, fuera de mí, acumulando fuerzas y tensión que descargar en cuanto oiga ese deseado “¡Fin del partido!” que parece no llegar ¡¡NUNCA!!

... pero sí, SÍ LLEGA, y el árbitro hace sonar su pito tres veces al fin. Yo aúllo de placer como una poseída, mordiendo un cojín para SOFOCAR mis gritos ante el vecindario, mientras pierdo la noción de cuántas veces me estoy corriendo, una detrás de otra. Joder, ha sido un multiorgasmo brutal. Y ni siquiera me he repuesto aún, cuando M me deposita con cuidado en el sofá y con su preciosa polla en la mano, me susurra al oído:

-“Hoy te follaré de ESA manera… así que ve a por lo necesario”

Aunque ni él es mi dueño, ni yo le pertenezco más allá del inmenso amor que nos profesamos, confieso que en el fondo, me ENCANTA cuando toma las riendas y se comporta conmigo como EL PUTO AMOaunque sea simplemente, para darme a probar alguna vez de mi PROPIA medicina.

Así que me levanto, obediente, y sonrío, triunfal, satisfecha, EMBRIAGADA de placer... y le beso, agradecida, amantísima, mientras voy a por un par de juguetes y pienso en todo lo que va a dar AÚN de sí una aburrida tarde de DOMINGO.

Pensándolo bien, quizás sea buena idea abonarse al satélite, si ponen partidos como estos todos los días.

Para mi marido M y para todas vuestras parejas.
Por vernos sexys más allá de un chándal, por sacrificar un partido de liga, o por luchar para que el amor y el morbo nunca lleguen a estar reñidos.
¡¡¡FELIZ y HOGAREÑO 2009!!!

sábado, 6 de diciembre de 2008

CAFE DE SOBREMESA


ASÍ LO TOMÉ YO: Solo, con dos de azúcar.

Habíamos quedado para tomar un café a media mañana, pero al final acabamos tomándolo a su verdadera hora, que es después de comer… JUNTOS.



Poco antes, nos habíamos encontrado por primera vez en una conocida plaza madrileña, cerca de su trabajo. El día estaba gris, casi lluvioso, y la plaza desierta y tranquila en un Madrid siempre bullicioso, me tenía totalmente absorta. De pronto, alguien se acercó a mí, susurrando apenas mi nombre con cierta timidez en forma de PREGUNTA… Asentí.

Sí, en efecto, Cire era yo.

Le conocía y le admiraba hacía ya tiempo a través de sus PALABRAS y de su trabajo. Curiosamente sabía aspectos de lo más privado sobre sus deseos y emociones, y sin embargo, no conocía ni su voz, ni su rostro… y hoy, por fin, le tenía ante mí. Tenía el pelo largo, unos increíbles ojos azules, y una tez aniñada que me SORPRENDIÓ, quizás porque jamás le habría imaginado así. Y todo el mundo sabe lo mucho que me gusta que me sorprendan.

Entramos en un local muy acogedor para tapear algo… solo que el aperitivo pasó a ser comida, y a la comida le siguió un café. El CAFÉ que tanto tiempo llevábamos planeando compartir.



Hablamos. Hablamos mucho, y de forma distendida. Lo cierto es que realmente me sentía cómoda con aquel chico, con el que de alguna forma había COMPARTIDO antes tantas otras palabras, sentimientos y situaciones morbosas. Charlando de un modo tan normal de temas que otros como poco calificarían de escabrosos. Y creo que la sensación fue recíproca.

No pude evitar sentirme atraída por su natural timidez, casi tanto como por su boca, su mirada o sus manos, aunque lo que más me gustó fue confirmar que su mente era tan ABIERTA como tantas veces en sus relatos había demostrado. Y eso sí que realmente me sedujo, aunque no creo que él lo notase en ese momento.

El tiempo pasó deprisa, y nuestro café terminó también a su hora, para poder acudir a otra cita ineludible de esa tarde. Una LÁSTIMA, pues no me hubiera importado en absoluto haber compartido un poco más de tiempo juntos, derrochando confidencias al oído en un lugar más tranquilo.

En cualquier otro lugar donde tenerle frente a frente, arrodillados en el suelo uno delante del otro. Donde poder observarle en silencio, ABIERTAMENTE, sin bajar la mirada… donde poder acercar mis manos para acariciar sus mejillas blancas, su sensual boca carnosa… donde poder soltarle y revolverle el pelo, con mis dedos, libremente, y acariciar su nuca traviesamente hasta hacerle estremecer… donde morderle el cuello, besar sus labios, y sentir erizarse nuestros cuerpos al susurramos al oído esas SECRETAS perversiones que nos encantaría realizar juntos.


Al despedirnos, nos dimos tímidamente los dos besos que, curiosamente, no nos habíamos dado aún al conocernos... Aunque te juro, que si tengo ocasión la próxima vez, te secuestraré esa BOCA que ya persigue mis pensamientos.

Para Shan.
Por el café más deseado del mundo.

***

Y ASÍ LO TOMÓ ÉL: Cortado, pero con poca leche.

Finalmente se alinearon los planetas y llegó el momento de compartir mesa, miradas y confidencias con ella. El encuentro ya había sido cancelado otras veces por inevitables compromisos de última hora, pero esa mañana por fin pude conocer en persona a una mujer capaz de estimular mi imaginación con sus historias; a la vez inocentes y a la vez morbosas. Meses leyéndola me bastaban para saber que no sólo no era una mujer con fantasías corrientes, sino que además tenía una sensibilidad que le hacía abordar esas fantasías poco corrientes desde una perspectiva muy especial.



No sé por qué me imaginaba a alguien mayor. Era una fría mañana casi invernal. Las hojas mojadas cubrían los adoquines, y se veía muy poca gente por la calle.
Cuando llegué a la plaza sólo vi a una chica, de espaldas. Pelirroja. Joven. No me cuadraba. Dudé. Volví mirar a mi alrededor, pero no había nadie más allí. Le pregunté, muy poco convencido. Girándose clavó sus ojos en los míos y asintió. Por un momento su mirada me dejó congelado. Y de repente todo empezó a fluir de una manera muy natural.

Cuando me di cuenta estábamos tomando unas cervezas y pidiendo algo de comer. No podía dejar de mirarla fijamente a los ojos. Unos ojos difíciles de describir, entre verdes y color miel... unos ojos tremendamente expresivos, dulces y a la vez juguetones. Pelirroja y ojazos.



Y llegó la comida. Comida, cerveza, y conversación... Mucha conversación. De forma espontánea estábamos charlando en un bar, en voz alta, de temas poco comunes... Era extraño, conocíamos nuestros secretos y hablábamos de ellos sabiendo que con muy poca gente podíamos hablar así. Compartíamos muchas fantasías, muchos fetiches y muchas fijaciones. Surgían miles de posibilidades. Fantasías largamente postergadas que podrían hacerse realidad. Pero saltábamos de un tema a otro sin ningún orden, sin concretar, sin definir. Igual bromeábamos sobre nuestra común afición por la lencería como de mi trabajo o su familia. Pasábamos de comentar lo guapas y femeninas que son algunas transexuales a hablar de lo caro que es vivir en Londres.

Y es que no podía dejar de mirarla, de contarle, de escucharla. Era una chica que seducía sin darse cuenta. Como una cualidad innata. Un don natural. Seducía con sus palabras. Seducía con su mirada. Seducía con cada entonación, cada roce casual, cada broma. Y es que no son nuestras ideas lo que seducen, sino nuestra actitud.

Lamentablemente se pasó la comida volando. Apuramos los minutos hasta que otros compromisos nos permitieron. Ya en la calle, en el momento de despedirnos, casi a bajo cero descubrí un nuevo brillo en sus ojos. Nos dimos dos besos; en las mejillas, como corresponde.
Pero eran sus labios lo único que yo veía.



Después de planear sofisticadas fantasías y dulces perversiones mi impulso era tan sencillo como atrapar su labio inferior entre los míos. Firmemente. No dejarlo escapar hasta sentir la calidez de su cuerpo pegado al mío, mis manos en su melena. Pelirroja. Aspirar su perfume, volver a besarla hasta por fin separar nuestros labios y descubrir un brillo nuevo, por segunda vez, en sus preciosos ojos. Y por fin poder susurrarle unas pocas palabras al oído... con el hilo de voz que me permita mi respiración entrecortada.

Para Cire.
Por el próximo café, más deseado aún que el primero.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

SAYONARA TAIKO SUKI

Al sur de la ciudad de Tokyo, junto a la desembocadura del río Sumida, existe un parque conocido como el JARDIN DE HAMA. En él, escondido entre la vegetación, el salón de té Nakajima parece flotar sobre un precioso estanque, y es posible degustar té verde y dulces, en un entorno idílico. Algunos días al año, incluso, es posible para el turista poder admirar la bella ceremonia tradicional del té japonés.
Cuando por motivos de trabajo me desplazaron a Tokyo, tuve la inmensa suerte de disfrutar de la hospitalidad de sus gentes. Mis colegas japoneses se desvivían literalmente por mostrarme lo más bello de su cultura, y así fue como visité la parte más ruidosa y moderna de la capital, donde imperaba el nuevo ambiente “chic” japonés, el diseño y la vanguardia. Pero también los templos y jardines más hermosos, las pagodas y los bosques de bambú, del Japón más tradicional que todos guardamos en nuestra imaginación. Incluyendo una visita especial y PRIVADA para conocer la ceremonia del té.

La ceremonia japonesa del es una forma ritual de preparar té verde amargo que se sirve a un grupo muy reducido de invitados, en un entorno armonioso y tranquilo, con la firme convicción de que cada encuentro debe ser ATESORADO en la memoria, ya que no podrá volver a repetirse. Quizás por ello yo siempre recordaré de una forma tan especial aquella tarde, en que fascinada recibí mi primera taza de té japonés de manos de la encantadora TAIKO.



A pesar de vestir sus mejores galas de fiesta, con su kimono bordado y su tocado típicamente japonés, la inmensa simpatía de sus ojos rasgados y de sus palabras, denotaba que no se trataba de una japonesa al uso. Cuando finalmente nos presentaron, descubrí también que Taiko sentía la misma FASCINACIÓN y curiosidad por la cultura occidental que yo por la cultura japonesa, por lo que surgió una especial vinculación entre nosotras casi al instante, y decidimos aprovechar el tiempo libre de mis días de estancia en su país para compartir tiempo y experiencias juntas. Y así lo hicimos.


Aquella mañana de noviembre amaneció desagradablemente lluviosa, por lo que nuestra excursión prevista en un principio, se vio finalmente frustrada. Cuando Taiko llegó a la habitación de mi hotel para recogerme, me pilló dándome los últimos toques de maquillaje. Noté que ella me miraba como de reojo, y cuando finalmente me volví hacia ella, interrogante, me dijo que ojalá tuviera mis grandes ojos verdes, y tan REDONDOS, para pintarse así… Yo le sonreí, divertida por la ocurrencia, y le dije que ojalá tuviera yo sus preciosos rasgos orientales y su piel perfecta de PORCELANA, para poder lucir como una verdadera geisha tal y como la vi yo la primera vez, en aquella ceremonia del té… Entonces ella, en su perfecto inglés me dijo:

- “Yo podría cumplir tu SUEÑO… si tú quieres” – Y esbozó una sonrisa acompañada de una pequeña inclinación de cabeza.
- “¿Qué quieres decir…? ” – Pregunté sin saber realmente a qué se refería.
- “El plan de hoy se ha fastidiado, pero… si te apetece al menos puedo enseñarte una casa japonesa…”– su dulce voz denotaba una pizca de entusiasmo contenido que me sorprendió.
- “Por supuesto, Taiko, me ENCANTARÍA…” – respondí ilusionada con una amplia sonrisa.
Y así fue como emocionadas y entre risas, nos pusimos en camino hacia SU CASA. Tomamos un taxi bajo la lluvia, hacia la zona norte, donde ella vivía, en una pequeña casita baja con un jardín precioso. Nos descalzamos al atravesar la puerta, como es costumbre, y así fue como entré en su pequeño universo personal, una coqueta estancia donde esperé sentada en el suelo mientras ella iba a cambiarse en la habitación contigua.

Cuando volvió, me quedé sin palabras: la tenue luz de la mañana gris se filtraba por el ventanal, y allí, ante mí, estaba de pie la mujer MÁS BELLA que pudiera recordar en ese instante, descalza, con su larga y lacia melena negra, cayendo sobre un precioso kimono color verde agua que la favorecía lo indecible. Por un momento, os juro que creí vivir una APARICIÓN...



- “También he traído uno para ti…” - Cuando reaccioné, vi que señalaba su brazo izquierdo, del que colgaba una preciosa prenda de color rojo, muy brillante.

- “Es para que te lo pruebes… quizá así puedas sentirte como una verdadera princesa japonesa…” – sonrió – “PÓNTELO, yo te esperaré en aquella estancia…” – señaló.

Y con pasos diminutos y ligeros, desapareció tras la puerta traslúcida.

Algo asombrada, pero decidida a averiguar qué encerraba el cuarto contiguo, me desembaracé de mi ropa y con sumo cuidado me dispuse a enfundarme en aquella deliciosa prenda de SEDA. Lo cierto es que era una verdadera caricia para la piel, pero como diría el refrán “aunque la occidental se vista de seda…” vaya, que me faltaba un mundo o dos, para igualar la gracia y el porte de una GEISHA.

Me dirigí a la habitación contigua, conteniendo la respiración al cruzar el umbral. Taiko estaba arrodillada sobre la cama (un futón, realmente, casi a ras de suelo), sosteniendo una cajita roja lacada, y me invitó a sentarme frente a sí. Imitando su postura, me arrodillé sobre mis talones junto a ella.

- “Date la vuelta…”- susurró. Yo obedecí sin mediar palabra.

De pronto, SENTÍ cómo su mano tomaba mi coletero y lo deslizaba LENTAMENTE hacia abajo para soltarme el pelo. Luego, con un cepillo en la otra mano, empezó a desenredarme pausadamente la melena. El sonido suave y CADENCIOSO de las cerdas de crin, me subyugaba, casi tanto como el imperceptible ROCE de sus dedos entre mis cabellos... Y no sabría decir bien por qué, pero en mi interior empezaba a sentirme deliciosamente inquieta…

- “A ver, date la vuelta… sí, mucho mejor”

Taiko abrió su cajita, y sacó un montón de pequeños tarritos que pausadamente fue colocando cerca de sí… Yo permanecía en silencio, expectante. Me brindó primero una toallita húmeda con la que retirar cualquier rastro de mi maquillaje occidental, y así lo hice. Luego, me pidió que CERRARA los ojos. Taiko tomó una especie de crema entre sus manos, y comenzó a RECORRER todo mi rostro con la yema de sus dedos, con movimientos dulces e INFINITAMENTE lentos, desde la frente hasta las sienes… de los párpados a las mejillas… del mentón a los labios… del cuello a la nuca… En ese instante mi piel se REBELÓ, y me estremecí completamente desde lo más profundo de mis ser, en respuesta a lo que para mí fue la caricia más intensa y SENSUAL que jamás había experimentado.

Abrí los ojos, despacio... Taiko seguía apenas a un palmo de mí, clavando su mirada rasgada FIJAMENTE… No podía creer lo arrebatadoramente bella que era aquella mujer, frente a frente.
Sentí mi corazón palpitar frenético, ACELERARSE a la par que mis pensamientos, mientras mis brazos LUCHABAN contra el deseo de tomar su carita perfecta entre mis manos y acercarla a mí hasta rozar sus labios, dulces y pequeños… contra el deseo de aspirar el goloso aroma DULZÓN a talco de arroz que emanaba de su piel de seda… el deseo de DESLIZAR mis dedos por su cuello virginal para perderme entre los pliegues verde agua de su kimono… Mi mente luchaba desesperadamente contra el deseo de DESCUBRIR sus pechos blancos y suaves como el algodón, meciéndose entre mis manos… contra el deseo de PASEARME lentamente por cada uno de los rincones de su delicada piel de terciopelo… o contra el brutal y ARDIENTE deseo de alcanzar su secreto jardín de loto para embriagarme con su humedad, mientras hundía mis deditos en él provocándole un leve gemido… ¡¡Dios mío, aquella mujer me estaba haciendo enloquecer literalmente de DESEO!!

Pero en lugar de obedecer a lo que mi mente y corazón me pedían en ese momento, mis manos temblorosas SÓLO acertaron a retirarle un mechón de su rostro. Sabía que cualquier caricia más allá, podría ser considerada por la cultura japonesa como una verdadera ofensa. Ella sonrió, sin apartar la mirada, porque al igual que yo, SABÍA que ni siquiera la férrea cultura japonesa podría arrebatarnos nunca el goce de haber sentido, lo que en ese instante infinito COMPARTIMOS.

Y tras empolvarme la cara, suavemente, me puso rubor en las mejillas y en los labios, me perfiló los ojos con un lápiz de carbón negro, y me dibujó unas cejas más gruesas y arqueadas. Luego, me brindó sonriendo un pequeño espejo. El resultado no dejaba de ser curioso. Por un instante, juraría que me vi convertida en una VERDADERA japonesa.


Para ti, TAIKO.
Por los momentos irrepetibles que juntas atesoramos.