sábado, 6 de diciembre de 2008

CAFE DE SOBREMESA


ASÍ LO TOMÉ YO: Solo, con dos de azúcar.

Habíamos quedado para tomar un café a media mañana, pero al final acabamos tomándolo a su verdadera hora, que es después de comer… JUNTOS.



Poco antes, nos habíamos encontrado por primera vez en una conocida plaza madrileña, cerca de su trabajo. El día estaba gris, casi lluvioso, y la plaza desierta y tranquila en un Madrid siempre bullicioso, me tenía totalmente absorta. De pronto, alguien se acercó a mí, susurrando apenas mi nombre con cierta timidez en forma de PREGUNTA… Asentí.

Sí, en efecto, Cire era yo.

Le conocía y le admiraba hacía ya tiempo a través de sus PALABRAS y de su trabajo. Curiosamente sabía aspectos de lo más privado sobre sus deseos y emociones, y sin embargo, no conocía ni su voz, ni su rostro… y hoy, por fin, le tenía ante mí. Tenía el pelo largo, unos increíbles ojos azules, y una tez aniñada que me SORPRENDIÓ, quizás porque jamás le habría imaginado así. Y todo el mundo sabe lo mucho que me gusta que me sorprendan.

Entramos en un local muy acogedor para tapear algo… solo que el aperitivo pasó a ser comida, y a la comida le siguió un café. El CAFÉ que tanto tiempo llevábamos planeando compartir.



Hablamos. Hablamos mucho, y de forma distendida. Lo cierto es que realmente me sentía cómoda con aquel chico, con el que de alguna forma había COMPARTIDO antes tantas otras palabras, sentimientos y situaciones morbosas. Charlando de un modo tan normal de temas que otros como poco calificarían de escabrosos. Y creo que la sensación fue recíproca.

No pude evitar sentirme atraída por su natural timidez, casi tanto como por su boca, su mirada o sus manos, aunque lo que más me gustó fue confirmar que su mente era tan ABIERTA como tantas veces en sus relatos había demostrado. Y eso sí que realmente me sedujo, aunque no creo que él lo notase en ese momento.

El tiempo pasó deprisa, y nuestro café terminó también a su hora, para poder acudir a otra cita ineludible de esa tarde. Una LÁSTIMA, pues no me hubiera importado en absoluto haber compartido un poco más de tiempo juntos, derrochando confidencias al oído en un lugar más tranquilo.

En cualquier otro lugar donde tenerle frente a frente, arrodillados en el suelo uno delante del otro. Donde poder observarle en silencio, ABIERTAMENTE, sin bajar la mirada… donde poder acercar mis manos para acariciar sus mejillas blancas, su sensual boca carnosa… donde poder soltarle y revolverle el pelo, con mis dedos, libremente, y acariciar su nuca traviesamente hasta hacerle estremecer… donde morderle el cuello, besar sus labios, y sentir erizarse nuestros cuerpos al susurramos al oído esas SECRETAS perversiones que nos encantaría realizar juntos.


Al despedirnos, nos dimos tímidamente los dos besos que, curiosamente, no nos habíamos dado aún al conocernos... Aunque te juro, que si tengo ocasión la próxima vez, te secuestraré esa BOCA que ya persigue mis pensamientos.

Para Shan.
Por el café más deseado del mundo.

***

Y ASÍ LO TOMÓ ÉL: Cortado, pero con poca leche.

Finalmente se alinearon los planetas y llegó el momento de compartir mesa, miradas y confidencias con ella. El encuentro ya había sido cancelado otras veces por inevitables compromisos de última hora, pero esa mañana por fin pude conocer en persona a una mujer capaz de estimular mi imaginación con sus historias; a la vez inocentes y a la vez morbosas. Meses leyéndola me bastaban para saber que no sólo no era una mujer con fantasías corrientes, sino que además tenía una sensibilidad que le hacía abordar esas fantasías poco corrientes desde una perspectiva muy especial.



No sé por qué me imaginaba a alguien mayor. Era una fría mañana casi invernal. Las hojas mojadas cubrían los adoquines, y se veía muy poca gente por la calle.
Cuando llegué a la plaza sólo vi a una chica, de espaldas. Pelirroja. Joven. No me cuadraba. Dudé. Volví mirar a mi alrededor, pero no había nadie más allí. Le pregunté, muy poco convencido. Girándose clavó sus ojos en los míos y asintió. Por un momento su mirada me dejó congelado. Y de repente todo empezó a fluir de una manera muy natural.

Cuando me di cuenta estábamos tomando unas cervezas y pidiendo algo de comer. No podía dejar de mirarla fijamente a los ojos. Unos ojos difíciles de describir, entre verdes y color miel... unos ojos tremendamente expresivos, dulces y a la vez juguetones. Pelirroja y ojazos.



Y llegó la comida. Comida, cerveza, y conversación... Mucha conversación. De forma espontánea estábamos charlando en un bar, en voz alta, de temas poco comunes... Era extraño, conocíamos nuestros secretos y hablábamos de ellos sabiendo que con muy poca gente podíamos hablar así. Compartíamos muchas fantasías, muchos fetiches y muchas fijaciones. Surgían miles de posibilidades. Fantasías largamente postergadas que podrían hacerse realidad. Pero saltábamos de un tema a otro sin ningún orden, sin concretar, sin definir. Igual bromeábamos sobre nuestra común afición por la lencería como de mi trabajo o su familia. Pasábamos de comentar lo guapas y femeninas que son algunas transexuales a hablar de lo caro que es vivir en Londres.

Y es que no podía dejar de mirarla, de contarle, de escucharla. Era una chica que seducía sin darse cuenta. Como una cualidad innata. Un don natural. Seducía con sus palabras. Seducía con su mirada. Seducía con cada entonación, cada roce casual, cada broma. Y es que no son nuestras ideas lo que seducen, sino nuestra actitud.

Lamentablemente se pasó la comida volando. Apuramos los minutos hasta que otros compromisos nos permitieron. Ya en la calle, en el momento de despedirnos, casi a bajo cero descubrí un nuevo brillo en sus ojos. Nos dimos dos besos; en las mejillas, como corresponde.
Pero eran sus labios lo único que yo veía.



Después de planear sofisticadas fantasías y dulces perversiones mi impulso era tan sencillo como atrapar su labio inferior entre los míos. Firmemente. No dejarlo escapar hasta sentir la calidez de su cuerpo pegado al mío, mis manos en su melena. Pelirroja. Aspirar su perfume, volver a besarla hasta por fin separar nuestros labios y descubrir un brillo nuevo, por segunda vez, en sus preciosos ojos. Y por fin poder susurrarle unas pocas palabras al oído... con el hilo de voz que me permita mi respiración entrecortada.

Para Cire.
Por el próximo café, más deseado aún que el primero.

7 comentarios:

Maldita inocencia dijo...

¿Qué mejor post que dos por el precio de uno? Un café compartido puede llevar implícita una tremenda sensualidad. Y tener algo pendiente es genial para la imaginación…y el desarrollo de la próxima cita ¿no?
Un besazo para ambos

Alicia dijo...

Me encanta esa sensación de decir sin decir, de que las cosas floten en el ambiente. La duda...

Pero todavía me gusta más cuando se desatan los vientos. Esperemos que sea en el próximo café y que nos lo conteis.

Besitos a los dos.

Shan dijo...

Y es que a veces se crea espontáneamente un clima que no depende ni de la temperatura ni de la humedad, que no se sabe de dónde viene pero que hay aprovecharlo.
Y la sensación de compartir secretos con aroma a café recién hecho siempre es muy estimulante ¿verdad?

Un besazo a la escritora y a las dos lectoras... y hasta el próximo café.

Nyeri dijo...

La complicidad es evidente y el deseo y la sensualidad flota en el aire.

Creo que un segundo cafè puede acabar con fuegos artificiales, y nada me gustarà màs que excitarme con esa lectura.

Cire, Shan, felicidades.

Selene dijo...

A mí también me ha encantado leerte por mi blog de fotos eróticas. Te iré leyendo porque me ha encantado la Cirene que he descubierto aquí y todos sus secretos, tan dificiles de guardar. Espero que en algún momento podamos compartir, café y fotos...

Besos!!

Selene dijo...

Gracias por tu visita a mi blog, yo también te seguiré sobre todo después de descubrir tu último relato que resulta muy sensual. Espero que además de leernos compartamos alguna vez algún café también...

Besos!!

Cirene dijo...

MALDITA,
Es cierto... A veces, algo tan simple como sentarse espontáneamente delante de un café, puede resultar tan sensual como la más elaborada de las situaciones que hayas imaginado.
Recogo tus besazos y te envío míos de vuelta.

ALICIA,
Será cuestión de ponerse a cubierto, pues si los vientos se desatan... ¡¡¡puede que lleguen a vendaval!!! ;)
Mas besitos también para ti.

SHAN,
¿Qué puedo decirte que tú ya no sepas? Que gracias por ese café... y que el próximo será con desayuno. ;P
Besos de los nuestros.

NYERI,
Sí, realmente creo que "complicidad" es la palabra clave que describe perfectamente el espírito de ese encuentro. Complicidad que espero nos lleve a ese segundo, tercero, noveno, café...
Gracias por seguirme y un besito.

SELENE,
No sabes qué ilusión me ha hecho verte por aquí... :D Me alegra que vengas a conocer algunos de mis secretos y que podamos compartirlos, como esa multitud de fetiches que nos enloquecen a ambas.
Besines y vuelve cuando quieras, yo ya sabes que también te seguiré visitando cuando pueda.