miércoles, 5 de noviembre de 2008

SAYONARA TAIKO SUKI

Al sur de la ciudad de Tokyo, junto a la desembocadura del río Sumida, existe un parque conocido como el JARDIN DE HAMA. En él, escondido entre la vegetación, el salón de té Nakajima parece flotar sobre un precioso estanque, y es posible degustar té verde y dulces, en un entorno idílico. Algunos días al año, incluso, es posible para el turista poder admirar la bella ceremonia tradicional del té japonés.
Cuando por motivos de trabajo me desplazaron a Tokyo, tuve la inmensa suerte de disfrutar de la hospitalidad de sus gentes. Mis colegas japoneses se desvivían literalmente por mostrarme lo más bello de su cultura, y así fue como visité la parte más ruidosa y moderna de la capital, donde imperaba el nuevo ambiente “chic” japonés, el diseño y la vanguardia. Pero también los templos y jardines más hermosos, las pagodas y los bosques de bambú, del Japón más tradicional que todos guardamos en nuestra imaginación. Incluyendo una visita especial y PRIVADA para conocer la ceremonia del té.

La ceremonia japonesa del es una forma ritual de preparar té verde amargo que se sirve a un grupo muy reducido de invitados, en un entorno armonioso y tranquilo, con la firme convicción de que cada encuentro debe ser ATESORADO en la memoria, ya que no podrá volver a repetirse. Quizás por ello yo siempre recordaré de una forma tan especial aquella tarde, en que fascinada recibí mi primera taza de té japonés de manos de la encantadora TAIKO.



A pesar de vestir sus mejores galas de fiesta, con su kimono bordado y su tocado típicamente japonés, la inmensa simpatía de sus ojos rasgados y de sus palabras, denotaba que no se trataba de una japonesa al uso. Cuando finalmente nos presentaron, descubrí también que Taiko sentía la misma FASCINACIÓN y curiosidad por la cultura occidental que yo por la cultura japonesa, por lo que surgió una especial vinculación entre nosotras casi al instante, y decidimos aprovechar el tiempo libre de mis días de estancia en su país para compartir tiempo y experiencias juntas. Y así lo hicimos.


Aquella mañana de noviembre amaneció desagradablemente lluviosa, por lo que nuestra excursión prevista en un principio, se vio finalmente frustrada. Cuando Taiko llegó a la habitación de mi hotel para recogerme, me pilló dándome los últimos toques de maquillaje. Noté que ella me miraba como de reojo, y cuando finalmente me volví hacia ella, interrogante, me dijo que ojalá tuviera mis grandes ojos verdes, y tan REDONDOS, para pintarse así… Yo le sonreí, divertida por la ocurrencia, y le dije que ojalá tuviera yo sus preciosos rasgos orientales y su piel perfecta de PORCELANA, para poder lucir como una verdadera geisha tal y como la vi yo la primera vez, en aquella ceremonia del té… Entonces ella, en su perfecto inglés me dijo:

- “Yo podría cumplir tu SUEÑO… si tú quieres” – Y esbozó una sonrisa acompañada de una pequeña inclinación de cabeza.
- “¿Qué quieres decir…? ” – Pregunté sin saber realmente a qué se refería.
- “El plan de hoy se ha fastidiado, pero… si te apetece al menos puedo enseñarte una casa japonesa…”– su dulce voz denotaba una pizca de entusiasmo contenido que me sorprendió.
- “Por supuesto, Taiko, me ENCANTARÍA…” – respondí ilusionada con una amplia sonrisa.
Y así fue como emocionadas y entre risas, nos pusimos en camino hacia SU CASA. Tomamos un taxi bajo la lluvia, hacia la zona norte, donde ella vivía, en una pequeña casita baja con un jardín precioso. Nos descalzamos al atravesar la puerta, como es costumbre, y así fue como entré en su pequeño universo personal, una coqueta estancia donde esperé sentada en el suelo mientras ella iba a cambiarse en la habitación contigua.

Cuando volvió, me quedé sin palabras: la tenue luz de la mañana gris se filtraba por el ventanal, y allí, ante mí, estaba de pie la mujer MÁS BELLA que pudiera recordar en ese instante, descalza, con su larga y lacia melena negra, cayendo sobre un precioso kimono color verde agua que la favorecía lo indecible. Por un momento, os juro que creí vivir una APARICIÓN...



- “También he traído uno para ti…” - Cuando reaccioné, vi que señalaba su brazo izquierdo, del que colgaba una preciosa prenda de color rojo, muy brillante.

- “Es para que te lo pruebes… quizá así puedas sentirte como una verdadera princesa japonesa…” – sonrió – “PÓNTELO, yo te esperaré en aquella estancia…” – señaló.

Y con pasos diminutos y ligeros, desapareció tras la puerta traslúcida.

Algo asombrada, pero decidida a averiguar qué encerraba el cuarto contiguo, me desembaracé de mi ropa y con sumo cuidado me dispuse a enfundarme en aquella deliciosa prenda de SEDA. Lo cierto es que era una verdadera caricia para la piel, pero como diría el refrán “aunque la occidental se vista de seda…” vaya, que me faltaba un mundo o dos, para igualar la gracia y el porte de una GEISHA.

Me dirigí a la habitación contigua, conteniendo la respiración al cruzar el umbral. Taiko estaba arrodillada sobre la cama (un futón, realmente, casi a ras de suelo), sosteniendo una cajita roja lacada, y me invitó a sentarme frente a sí. Imitando su postura, me arrodillé sobre mis talones junto a ella.

- “Date la vuelta…”- susurró. Yo obedecí sin mediar palabra.

De pronto, SENTÍ cómo su mano tomaba mi coletero y lo deslizaba LENTAMENTE hacia abajo para soltarme el pelo. Luego, con un cepillo en la otra mano, empezó a desenredarme pausadamente la melena. El sonido suave y CADENCIOSO de las cerdas de crin, me subyugaba, casi tanto como el imperceptible ROCE de sus dedos entre mis cabellos... Y no sabría decir bien por qué, pero en mi interior empezaba a sentirme deliciosamente inquieta…

- “A ver, date la vuelta… sí, mucho mejor”

Taiko abrió su cajita, y sacó un montón de pequeños tarritos que pausadamente fue colocando cerca de sí… Yo permanecía en silencio, expectante. Me brindó primero una toallita húmeda con la que retirar cualquier rastro de mi maquillaje occidental, y así lo hice. Luego, me pidió que CERRARA los ojos. Taiko tomó una especie de crema entre sus manos, y comenzó a RECORRER todo mi rostro con la yema de sus dedos, con movimientos dulces e INFINITAMENTE lentos, desde la frente hasta las sienes… de los párpados a las mejillas… del mentón a los labios… del cuello a la nuca… En ese instante mi piel se REBELÓ, y me estremecí completamente desde lo más profundo de mis ser, en respuesta a lo que para mí fue la caricia más intensa y SENSUAL que jamás había experimentado.

Abrí los ojos, despacio... Taiko seguía apenas a un palmo de mí, clavando su mirada rasgada FIJAMENTE… No podía creer lo arrebatadoramente bella que era aquella mujer, frente a frente.
Sentí mi corazón palpitar frenético, ACELERARSE a la par que mis pensamientos, mientras mis brazos LUCHABAN contra el deseo de tomar su carita perfecta entre mis manos y acercarla a mí hasta rozar sus labios, dulces y pequeños… contra el deseo de aspirar el goloso aroma DULZÓN a talco de arroz que emanaba de su piel de seda… el deseo de DESLIZAR mis dedos por su cuello virginal para perderme entre los pliegues verde agua de su kimono… Mi mente luchaba desesperadamente contra el deseo de DESCUBRIR sus pechos blancos y suaves como el algodón, meciéndose entre mis manos… contra el deseo de PASEARME lentamente por cada uno de los rincones de su delicada piel de terciopelo… o contra el brutal y ARDIENTE deseo de alcanzar su secreto jardín de loto para embriagarme con su humedad, mientras hundía mis deditos en él provocándole un leve gemido… ¡¡Dios mío, aquella mujer me estaba haciendo enloquecer literalmente de DESEO!!

Pero en lugar de obedecer a lo que mi mente y corazón me pedían en ese momento, mis manos temblorosas SÓLO acertaron a retirarle un mechón de su rostro. Sabía que cualquier caricia más allá, podría ser considerada por la cultura japonesa como una verdadera ofensa. Ella sonrió, sin apartar la mirada, porque al igual que yo, SABÍA que ni siquiera la férrea cultura japonesa podría arrebatarnos nunca el goce de haber sentido, lo que en ese instante infinito COMPARTIMOS.

Y tras empolvarme la cara, suavemente, me puso rubor en las mejillas y en los labios, me perfiló los ojos con un lápiz de carbón negro, y me dibujó unas cejas más gruesas y arqueadas. Luego, me brindó sonriendo un pequeño espejo. El resultado no dejaba de ser curioso. Por un instante, juraría que me vi convertida en una VERDADERA japonesa.


Para ti, TAIKO.
Por los momentos irrepetibles que juntas atesoramos.

3 comentarios:

CalidaSirena dijo...

Me ha parecido como un sueño, que experiencia tan linda has tenido..
Siempre me ha atraido mucho las tradiciones orientales...
Besos muy dulces mi linda niña

Alicia dijo...

Me has dejado sin palabras. No querria decir nada que rompiese la magia de ese momento.

Gracias por compartirlo.

Maldita inocencia dijo...

Que intensamete sensual es el deseo. Un relato delicioso Cirene.

Sayonara guapa

Besazo