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jueves, 18 de junio de 2009

PASSION TIES... (II)






Era una estampa realmente bella.
La tensa ESPERA siempre lo es.
Y la sensación de poseer el DESEO de alguien que se presenta ante ti, capaz de abandonarse a TI, de forma tan abiertamente obediente, aun sabiéndose vulnerable y desorientado, y a la vez tan ansioso y excitado por lo que vendrá… Hmmm, ÉSA sensación… es un dulce veneno que sólo quien lo probó sabe que jamás podrá olvidarla.

- “¿Estás nervioso… A?” – Le susurré en su oído al pie de la cama.
- “No, Miss…” - contestó displicente
- “Entonces… ¿por qué tiemblas así?” – sonreí mientras acariciaba con el dorso de mi mano su mejilla
- “Porque no sé que vas a hacer conmigo…”
- “¿Y eso te preocupa?”
- “En absoluto, Miss… confío en ti… pero estoy tan excitado…”
- “Muy bien… veamos cuánto… ¡Manos a los lados, palmas hacia abajo! – le ordené escuetamente - Y que no te vea yo moverte ni un solo centímetro de esta posición…”

La TENSA espera, de nuevo.

Mis dedos se deslizaron hábilmente, SIN tocarle, por entre la sábana que cubría su cuerpo desnudo. Y fui retirándola poco a poco de su piel, dibujando pequeños pliegues sobre sí misma, con una lentitud EXTREMA, rayana en lo exasperante. Cuando llegué a la altura de su cintura, casi podía escuchar el frenético pálpito de su corazón, luchando por salir de su pecho. La increíble VISIÓN de su torso al descubierto, su piel envuelta en gotas de un sudor nervioso y sensual, sus venas marcadas en aquellos brazos tensos, acompañando a sus manos inmóviles… ufff... CASI me hacen suspirar de puro placer.



Casi.
Una sabe cómo contenerse cuando es NECESARIO.
No así A, quien SI jadeó profundamente al sentir apoyar mi muñeca, separada tan sólo por la finísima sábana de algodón, sobre su miembro henchido y formidable. Y más aún, cuando la hice rodar intencionadamente a lo largo de su ERECCIÓN, siempre por encima de aquella maldita tela intermediaria. A suspiraba, y se revolvía, agitado, pero no varió ni un milímetro su posición… para verdadera satisfacción de su AMA.

- “A... ¿eres CONSCIENTE de que, debajo de esta sábana que apenas te cubre, estás totalmente desnudo y empalmado, ante una Mujer a la que casi ni conoces y ni siquiera puedes ver…?”

- “Buff… Miss, SÍ, soy totalmente consciente… incluso me da algo de vergüenza que me veas así…”

No había acabado aún de pronunciar esas palabras, cuando de un TIRÓN retiré totalmente la sábana de su cuerpo. Sus dedos se hincaron de golpe en el colchón. Y de pronto, su desnudez se había hecho abiertamente patente ante mí.

Muchos fueron los JUEGOS llenos de obediencia, deseo y complicidad que disfrutamos a partir de ese instante. Hasta que, en cierto momento, me acerqué de nuevo a mi bolso, donde junto con la venda negra habían viajado unas CUERDAS y mis tijeras para vendajes (jamás olvido las lecciones de un buen maestro).

A permanecía de pie en medio de la habitación, ciego y desnudo aún, y tan EXCITADO o más que el primer momento en que me escuchó entrar. Arrojé al suelo la primera madeja de cuerda. A se puso en guardia. Mientras mis manos desenredaban cariñosamente la hebra doble de seda, la acerqué a su oído, de modo que percibiese el SONIDO de su trayectoria a través de mis dedos, y cómo se volvía por momentos lánguido, sibilino, ininteligible para el profano…

- “¿Vas… es que vas a atarme, Miss? – A se estremeció tan sólo con formular la pregunta.

- “No, A… voy a hacer algo MÁS que eso - le respondí dulcemente- …manos atrás...”

Y mientras mis dedos TEJÍAN una preciosa red de certeros nudos sobre su cuerpo erguido, comencé a explicarle en qué consistía cada movimiento de mi obra de shibari…

- “Primero, inmovilizaré tus manos, alrededor de tus muñecas, y aunque no sientas que te aprietan, no te engañes, pues comprobarás que sí están muy bien SUJETAS… A partir de ese instante, mi cuerda se convertirá en una EXTENSIÓN más de mí… tan PODEROSA, que podrá retenerte o pellizcarte… pero tan SUAVE, que podrá acariciarte o sujetarte… Te recorrerá centímetro a centímetro, erizándote la piel a su paso, haciéndote saber de MI voluntad… para ENVOLVERTE en un cúmulo de sensaciones, hasta verte atrapado en tu propio deseo…”

-“Diosss… Miss.... YA me tienes atrapado… ¡Hazme sentir como dices, por favor!, no imaginas CUÁNTO lo deseo… por favor, mi Ama.”

Y con la pericia de quien teje una red que encierra un SECRETO invisible, mis dedos fueron conduciendo hábilmente las hebras alrededor de sus hombros, bajo su pecho, sobre su torso, arqueando su espalda… Y en cada punto de TENSIÓN, aquel cuerpo aún ciego por la venda y totalmente concentrado en cada poro de su piel, RESPONDÍA con un escalofrío o un leve gemido, a cada estudiado movimiento, acompañando a cada tirón… Como una SÚPLICA imperceptible, que se hacía cada vez más patente sobre aquella piel desnuda y receptiva, entregada ya al misterio REVELADO del tacto de las cuerdas, de la hebra corriendo y enredándose sobre sí misma, del sonido de la pasión hecha ataduras…

Cuando entendí que A había interiorizado ya todo lo que deseaba transmitirle, le arrodillé en el suelo ante el armario, frente al espejo. Retiré cuidadosamente la venda que cubría sus ojos, y por fin pudo verme, a su lado, y CONTEMPLAR detenidamente mi obra de shibari… mi obra, que era él. DESCUBRIRSE en toda su grandeza y desnudez, envuelto en un enigmático acorde de hebras adheridas alrededor de su cuerpo, como una extraña caricia, como un firme abrazo…

-“Gracias, Miss… ¡¡GRACIAS!!” – dos lágrimas de emoción desbordada irrumpieron junto a sus palabras, francas y veraces.



Totalmente CONMOVIDA por su sincero y espontáneo agradecimiento, no pude más que arrodillarme junto a él, tomar su rostro entre mis manos y mirarle a los ojos llena de ORGULLO… Y emocionados los dos, pletóricos y rebosantes de complicidad por lo que habíamos compartido, acabamos fundiéndonos en el más EMOTIVO y apasionado de los abrazos.


Para ti, A, mi pequeño cachorro.
Por todo lo que vivimos, sentimos y compartimos juntos.

lunes, 25 de mayo de 2009

PASSION TIES... (I)

Casualmente, A y yo íbamos a coincidir por trabajo en una misma ciudad, un mismo día. Y ese día estaba muy próximo.
Nos caíamos bien, gracias a nuestro intercambio de algunos mails, con risas, fantasías y confidencias. Un día me pidió una foto, y yo le di a ELEGIR entre verme o conocerme. Y él hizo la elección CORECTA: empezar a dominar su impaciencia.

Y esa noche nos vimos. Cenamos, tomamos vino, charlamos mucho y animadamente, y fuimos alargando la velada con un par de cócteles deliciosos, y luego con dos últimas copas más…


Charlamos con interés agotando hasta el ÚLTIMO minuto, hasta el momento inevitable de enfrentarse a la despedida. Momento en que yo me fui a mi casa y él hacia su hotel.

Era tarde. MUY tarde. Condenadamente bien entrada la madrugada. Y al día siguiente, me tocaba pelear una reunión. Pero yo no quería dormir. Su voz, sus confidencias, sus ganas, su disposición, sus miradas, su ilusión, su timidez a la hora de plantearlo… habían abierto una pequeña MELLA en mí, de algún modo. A, tenía muchas ganas de iniciar un camino… y deseaba más que nada en el mundo que fuese YO quien guiara sus primeros pasos. Y lo confieso: la sola visión de esa idea en mi mente, me arañaba el centro del placer en lo más profundo de las entrañas.




Por eso le envié el primer sms:
- “A… ¿duermes?”
-“No podría hacerlo aunque quisiera…” – fue su respuesta casi instantánea, lo cual me complació infinitamente.

Y así comenzó un largo juego de intercambio de sms CÓMPLICES, en los que yo le ordenaba cosas… y él respondía perfectamente como yo deseaba. Estaba claro que en nuestras mentes, ninguno de los dos daba la noche por terminada… pero vencer la pereza, el frío, el sueño, para acercarse físicamente… era una locura. Y más cuando sabíamos que nuestro primer encuentro, llegara cuando llegase, nos iba a emplear tiempo… no iba a ser precisamente un polvo y a dormir.

Pero Sabina comenzó a retumbar en mi cabeza…

“[…] de ti depende y de mi, que entre los dos siga siendo ayer noche u hoy por la mañana. Olvídate del reloj, nadie se ha muerto por ir sin dormir una vez, al currelo… ¿Por qué comerse un marrón, cuando la vida se luce, poniendo ante ti un caramelo?[…]

Así que decidí convertir las INFAMES 06:30h de la mañana, en un pedacito más aún de "mi ayer noche"... Y así se lo hice saber a A, de camino desde el taxi.

Entré con paso seguro en el hall y di las buenas noches, dejando recepción a mi derecha, tomando el pasillo hasta el ascensor... Habitación 327. De camino hacia ella, me entretuve haciendo RESONAR abiertamente mis tacones sobre el piso. La puerta estaba entornada… parece que A había hecho los deberes. No esperaba menos de él. Como esperaba que hubiese cumplido el resto de todas y cada una de mis EXIGENCIAS, entre ellas la de permanecer desnudo, despierto y pensando en todo lo que le había propuesto, pero sin tocarse en ningún momento. Su último sms, cargado de deseo, no dejaba lugar a dudas:

-“Así lo haré, Miss… Llevaba años sin estar tan excitado sólo con pensamientos”

Y sinceramente, me lo creía.


Cerré la puerta tras de mí.
Sólo una tenue luz sobre la cómoda rompía la oscuridad, pero desde la posición de su cama, él aún no podía verme. Me aproveché de ello para situarme estratégicamente. Avancé un par de pasos, lenta, CADENCIOSAMENTE, asegurándome de que él me oyera bien.

-“Cierra los ojos”- le ordené dulcemente.

Le oí contener la respiración.

-”¿Confías en mí…?”
-“ Sí…”
-“Si.. ¿QUÉ?” – le espeté bruscamente. No soporto la mala educación.
-“ Sí… Miss”
-“ Eso está mejor…” – asentí complacida.

Su respiración agitada me daba la clave de su tremenda excitación. Pero lo que él no sabía, era que ni siquiera toda esa intensidad podría compararse con mi excitación en ese instante, en que A, conscientemente me CEDÍA su deseo para hacer mi voluntad.

Saqué de mi bolso la cinta negra de terciopelo de seda, y me acerqué a vendarle los ojos. Nos habíamos despedido apenas 3 horas antes como amigos… para reencontrarnos sin haberlo previsto, -aunque sí haberlo deseado secretamente-, como AMA y servidor.

Y a partir de ahí, sin saber cómo, el tiempo se DETUVO como en otra dimensión. La tensión sexual inundaba el espacio que compartíamos, y yo estudiaba cada paso, cada roce, cada sonido, para convertirlo en laaargo, leeento… infinitamente lento. Como quien intenta cincelar en el alma, el fuego de unos pensamientos, a golpe CERTERO de pasión.

Y así fue cómo A se enfrentó por primera vez cara a cara con su propio monstruo interior, rompiendo sus barreras y abandonándose ciegamente a mi merced… para llegar a descubrir, emocionado, que su único y verdadero deseo a partir de ese momento, no sería otro que llegar a COMPLACERME...

viernes, 6 de marzo de 2009

HAY DIAS...

Hay días muy perros... Sí, lo sé.

Pero igualmente hay otros, sencillamente EXCEPCIONALES.

De esos que quedarán marcados para siempre en el calendario de tu vida, porque has tenido la íntima sensación de que el cosmos se alineó a tu favor, provocando que una serie de experiencias increíbles sucediesen, una tras otra, con una FLUIDEZ y facilidad pasmosas. Días en que la vida te asfixia el conocimiento racional inundándote con sorpresas para el alma. Días por los que mucha gente mataría (o desearía hacerlo) si con ello consiguiera vivirlos, aunque fuese UNA sola vez, en su triste y rutinaria existencia.


Primera sorpresa: LA COMIDA

Todo empezó con una comida inesperada. S me llamó porque había quedado con SL y a la vez, ella con F. Así que a S se le ocurrió que sería buena idea comer los 4 juntos, sabiendo de mis peculiares intereses comunes con SL y de mi declarada ILUSIÓN por conocerla.

Conocer a gente nueva es por lo general un hábito muy interesante, y casi siempre de lo más placentero. Y en este caso, doblemente, cuando 4 personas que se conocen de una a una, se juntan y cuadran de una forma tan NATURAL como espontánea.


Segunda sorpresa: EL CAFÉ


Todo aquel que se precie en conocerme, sabe que me gusta compartir el café. Porque creo que existe un entorno MÁGICO ligado en torno a ese momento, a esa mesa, a esa taza… aunque sea de papel y las cucharillas un patético palo de madera.

Y ese día, ni remotamente hubiera imaginado acabar tomando café con un grupo de personas desconocidas y tan interesantes. A los 4 de la comida se nos unió uno mas, M, al que adoptamos también finalmente de una forma “curiosa cuanto menos”, y precedida de un millón de risas… gracias a un tipo fuera del local, todo sea dicho.

La sala estaba llena hasta llena, pero en nuestra mesa, ya se había creado esa atmósfera aislada de la que os hablo, ideal para la charla distendida, las confesiones, las complicidades, para los momentos de a 2, de a 3, incluso de a 5… la verdad, me siento realmente AFORTUNADA por haber compartido un rato tan divertido como especial, y repleto de tantos matices.


Tercera sorpresa: LA TARDE

El café de sobremesa, acabó con un reto…

-“Bueno, a ver... ¿a quién atamos?” - soltó de sopetón SL con un tono perversamente divertido.

Y después de las primeras composiciones de lugar, cuatro de aquellos cinco acabamos en una habitación de hotel. Había un claro voluntario. Pero lo que allí sucedió, por lo tremendamente especial y EMOTIVO de esa experiencia, lo dejo para mi memoria y la del resto de los protagonistas. Sólo decir que doy gracias a todos y cada uno de ellos, por haberme hecho partícipe de un momento compartido tan delicioso, y que SIN DUDA alguna, formará parte para siempre del imaginario de mi existencia.


Cuarta sorpresa: LA NOCHE

S, SL y yo, continuamos exprimiendo la última parte de la tarde, charlando y tomado algo. La siguiente estación era una inauguración, la de la EXPOSICIÓN fotográfica de un amigo. Era en un local del centro, pequeño pero adecuado, donde pudimos disfrutar de parte de su trabajo (nos quedamos con ganas de ver más) y de su compañía, así como la de mucha otra gente allegada o conocida del mundillo.

("Féetish" by Zor - Exposición gratuita en Underwood (C/Infantas, 32 - Madrid) del 5 al 18 de marzo 2009)

Yo por mi parte, esperaba poder ver también a MG, que sabía que iba a ir, tal y como me había informado por mail. Hacía realmente bastante tiempo que nos escribíamos, y aunque había habido varias ocasiones antes para conocernos personalmente, siempre descuadraron al final nuestras agendas en tiempo o lugar. Pero claro, en ese día tan especial, desde luego, no iba a ocurrir así.
Desde luego, la sorpresa más IMPACTANTE de todas estaba por llegar, y fue descubrir que de entre las miles de personas anónimas que el azar une virtualmente mediante el email cada día, MG era… “mi” MG.

¿Qué PROBABILIDAD puede existir de que dos personas que se encuentran y conocen casualmente en la red, a través del enlace en un blog cualquiera de un tercero, y empiezan a intercambiar mails, puedan ser ya conocidos de antemano? ¿y SIN SABERLO mientras se escriben? Aparte de en las películas tipo “Tienes un email”… me temo que las probabilidades son más bien escasas.

Pero hay días, ya os digo, que la vida es caprichosa o los duendes se aburren, y hasta las cosas más inusitadas pueden como por arte de magia, llegar a SUCEDER…

…como volver a encontrarme con MG y su mujer, SS, a quienes había perdido la pista desde hacía miles de años...

...como descubrir que el tiempo no borra en tres mentes distintas los deliciosos recuerdos pasados, ni las intensas experiencias compartidas... (y que por ello aún seguiste en su memoria durante todos estos años...)

…o como el intuir veladamente entre los besos y miradas de nuestra despedida, que no se trataría de un simple HASTA LUEGO más.


Quinta sorpresa: LA MADRUGADA

Puede que yo sea de ideas fijas en cuestión de educación, pero encuentro extremadamente de buen gusto, irte de un sitio junto con aquellos por quien llegaste acompañado. Y es por ello que, aún siendo joven la noche y PROMETIENDO lo indecible por múltiples vías, S, SL y yo, apelamos a nuestro sentido de la responsabilidad hacia nuestro trabajo, para retirarnos prudentemente temprano.

Cuando nos despedimos los tres, ni el viento frío y desagradable de la noche consiguió empañar la ternura, el agradecimiento, y el deseo contenido, envuelto en el más cálido y SINCERO de los abrazos… (y eso que S no es cariñoso, jajaja) ;-P

Llegué a casa.
Radiante, FELIZ, con el alma plena… embebida de una alegría de vivir imparable… totalmente SOBREPASADA aún, por el bombardeo de los exquisitos recuerdos y sensaciones, regalos todos ellos extraordinarios con los que el destino hoy me DELEITÓ a placer. Ya dicen que el tiempo es relativo, pero la intensidad de todos esos momentos, convirtió lo que fueron apenas unas horas, en toda una inusual y longeva experiencia de vida.

Y quizás en COMPENSACIÓN por las muchas otras sorpresas que yo había decidido perdonarle a la noche en pro de mi profesionalidad, la vida en sí misma -o quien demonios maneje mis hilos desde el lado oculto de mis vivencias-, decidió CONCEDERME aún, una última sorpresa más: poder compartirlo con una amiga muy especial.

Y así, de madrugada como es nuestra costumbre, y como colofón a ese mágico día intensamente VIVIDO con mayúsculas, nos vimos por primera vez las caras, tú y yo, mi querida, preciosa y admirada MI.


Sexta sorpresa: LA QUE NO FUE

Hace poco JC me comentó que gracias a uno de mis post, había descubierto un cierto morbo oculto por el fetichismo, dentro de sí. De algún modo, él quería estar a mis pies, y yo decidí brindarle la oportunidad de ganárselo… o al menos de dar el primer paso para ello, que era conocernos en persona.

Días atrás él dijo que confiaba en mí, y yo le dije que le prepararía una sorpresa. Por eso le reté a acometer una pequeña locura: aparecer y RECONOCERME esa noche en la exposición, en medio de la multitud, contando como únicos datos con mi nombre, color de pelo, color de ojos, y mis gustos por la dominación.

El, o mejor dicho su ego, estaba seguro de ser capaz de conseguirlo… pero a la hora de la verdad, en el último momento, sus propios límites se impusieron a su deseo, y su mente le obligó a darse por vencido antes siquiera de plantearse dar una oportunidad a las pequeñas aventuras que te propone la vida.

No pudo ser, son cosas que pasan.


Pero hay que ser CONSCIENTES que, con lo difícil que es atrapar y retener un momento especial en el tiempo, siempre merece la pena intentar luchar por conseguir uno. Sea cual sea el resultado final. Arriesgarse para vencer tus propios miedos y limitaciones, es lo que en realidad, en cualquier parcela de tu vida, te hará CRECER, abrirá tu mente y liberará tu alma.


Epílogo

Yo siempre digo que, quizás, para que te sucedan cosas excepcionales, la CLAVE es estar atento a las señales y dispuesto a que te ocurran. A partir de ahí, la vivencia vive ya latente ante ti, y simplemente se trata de decidirse a dar un paso más cuando sea necesario.

Hay veces que la gente me dice que envidia todas las experiencias tan maravillosas que relato en mi blog. Y quizás les parece que no cuesta nada, que suceden sin más, porque sí. Y no es así. Pero lo que hay que entender, es que si realmente DESEAMOS que nos pasen cosas increíbles, la elección primera y última está siempre en nuestras manos.

Puede que yo ese día tuviese suerte, una disposición especial, un exceso de energía positiva, o puede que se aunara de golpe todo el KARMA perdido del universo, para llegar y concentrarse humildemente en mí... No lo sé.

Pero lo que sinceramente sí empiezo a creer, es que existe un pequeño hilo, a modo de cuerda INVISIBLE, que une todas y cada una de las pequeñas vivencias maravillosas de tu vida… y vale la pena tirar de él.


Hay días... en los que la vida realmente SÍ te compensa, con creces, el gran esfuerzo de haberte levantado a vivirla.
Por todos vosotros: S, SL, F, M, MG, SS, MI y JC.
Por ser coprotagonistas de un día inolvidable.


viernes, 22 de agosto de 2008

EL BANQUETE (I)


En Frankfurt existe un restaurante muy exclusivo, de lo más peculiar: se trata en realidad de 7 pequeños comedores privados, todos de diferentes estilos y que se reservan individualmente para un máximo de 15 personas. Así, se puede elegir entre el salón Primavera, el salón Provenzal, el salón Venecia… Yo, para aquella ocasión tan especial, me decanté por el salón VICTORIA.

Se trataba de una lujosa estancia ornamentada con molduras en techo y paredes, enteladas con brocados exquisitos, y decorada en tonos crema, grises y negros. Una gran lámpara de araña iluminaba suavemente desde arriba el centro de la mesa, interminablemente larga, y dispuesta con todo lujo de detalles, como la del comedor de un palacio victoriano. Además, como en cada sala, tendríamos un único camarero totalmente a nuestra disposición, y el menú acordado subiría de cocina a través de un montacargas individual situado en un rincón de la estancia. Jamás vi en otro restaurante, mayor signo de exquisitez y privacidad. Quizás por ello, cuando lo conocí, tuve claro que sería el lugar perfecto para prepararle a V un BANQUETE inolvidable.

V era por aquel entonces, compañera mía de trabajo, además de buena amiga y confidente. Sentía verdadera curiosidad por algunos de mis episodios más íntimos, aunque luego no podía evitar ruborizarse cuando se los contaba, y precisamente por ello a mí me encantaba escandalizarla, y entre provocación y provocación, siempre acabábamos echándonos unas risas. Una noche, cenando y entre bromas, me dijo que ojalá ella fuera capaz de llevar a cabo aventuras como las mías, y animada por unas copas de buen vino, me confesó no sin cierta vergüenza, una de sus más íntimas FANTASIAS… Su forma de decírmelo, tan bajito, y visiblemente azorada, como un niño revelando el mayor de sus secretos, me enterneció. Y no sólo eso. Sin ella saberlo aún, yo había decidido ya ayudarla a traspasar sus límites, apenas un par de meses después.

Era una noche de mayo ciertamente agradable, ideal para celebrar una cena de CUMPLEAÑOS. El de V. Apenas un mes antes le propuse organizarle una pequeña fiesta con algunos de mis amigos, y cuando V aceptó encantada, yo sonreí. Esa misma tarde reservé el salón Victoria a mi nombre.

Me cité a las 8 con V delante de la puerta del restaurante. Por la mañana, en la oficina, le habíamos regalado un precioso vestido largo de gasa color burdeos, que le quedaba como un guante, así que la animé a ponérselo para la cena. Y así lo hizo. Cuando llegó, la verdad, estaba deslumbrante.

Pasamos adentro y Mark, nuestro camarero, nos condujo por un estrecho pasillo hasta nuestro salón. Antes de llegar, ya se escuchaba una suave algarabía detrás de la puerta. El entró primero, y sonriéndome de forma CÓMPLICE, cerró la puerta a sus espaldas mientras yo me quedaba fuera con V.

- “¿Preparada para celebrar tu paso a los 30?”.

- “¡Claro! Y de qué modo, una fiesta sorpresa…”– suspiró encantada V

- “Antes de entrar - le dije – debes saber que te voy a VENDAR los ojos… Y vas a cenar sin quitarte la venda, para así poner a prueba todos tus sentidos… Pero no temas, esta noche tú eres la protagonista, y aunque vas a probar cosas nuevas, estoy segura de que el MENÚ te va a encantar…”


Por último, mientras le colocaba un pañuelo de seda sobre los ojos, le pregunté:

- “¿CONFÍAS en mí, V?”

- “¡Qué pregunta…! Claro…”

- “¿Pero tanto como para obedecerme en TODO lo que te pida?” – insistí con intención

Ante la firmeza de mi voz, dudó un segundo… pero al instante se relajó y riendo contestó:

- “ Ciegamente… jajaja... Esta noche soy toda tuya…”

- “En ese caso… –dije solemnemente abriendo la puerta- ¡¡BIENVENIDA a tu cena de cumpleaños...!!”


Mark cerró la puerta tras de mí, mientras yo acomodaba a V en su sitio, presidiendo la mesa. Un murmullo generalizado de admiración rompió el silencio al ver a V, quien tímidamente dio las buenas noches.

- “ Buenas noches, amigos, y gracias a todos por aceptar mi invitación para prepararle a V un cumpleaños inolvidable…”

- “ Viniendo de ti, siempre es un placer, Cire…” – comentó uno de los asistentes

Sonreí a J.
En la estancia estábamos únicamente 9 personas.
V presidiendo la mesa. Yo, en el extremo contrario. Otros seis hombres, todos buenos amigos y mejores amantes, sentados a lo largo de la mesa. Y por supuesto, Mark, el camarero, al que ya había dado previamente explicaciones precisas de lo que allí podría acontecer.

- “ Bien, pues ahora que estamos ya acomodados, estas son las REGLAS: los que estáis sentados a cada lado de V, os vais a encargar de darle de comer y beber. Cada uno de vosotros le iréis dando a probar un plato distinto, para lo cual os turnando de lugar. Y tú por tu parte, V, aceptarás lo que te ofrezcan… aunque si en un momento dado algo te disgusta, dímelo, pues todos nuestros acompañantes están aquí para COMPLACERTE y me obedecerán ciegamente… al igual que TÚ. ¿De acuerdo?”

- “ De acuerdo…” -respondió intrigada y divertida…

- “ Muy bien. Entonces, Mark, cuando quieras, sírvenos la cena por favor…”



Mark fue colocando sobre la mesa los distintos platos que yo había encargado, al estilo de un buffé. Mientras el resto de invitados charlábamos relajadamente de nuestros viajes y aventuras, J y S empezaron a darle pequeños bocaditos de las exquisiteces que había en la mesa. Luego, fueron M y R, y finalmente A y P, quienes hicieron lo propio. V estaba entusiasmada con la velada, el vino la había desinhibido un poco, y charlaba y coqueteaba con sus comensales ANÓNIMOS, mientras yo por supuesto, no perdía detalle de la situación.

Tras la primera ronda, me acerqué a V por detrás y le susurré al oído:

- “ ¿Qué tal todo? ¿Te gusta lo que tomas, lo que escuchas, lo que sientes…? ¿lo estás disfrutando?

- “ Buff, ya te digo… hay dos de los chicos, el del marisco y el de la tempura, que tienen una voz que me poneee malíiisima… Dan ganas de…”

- “¿De COMÉRSELOS…? – le susurré pícaramente mientras le acariciaba suavemente el cuello

- “ Pues sí…” - sonrió algo cortada.

- “Entonces… A ver, M, S, venid aquí un momento –les pedí indicando que se sentaran uno a cada lado de V- vamos a comenzar con los postres…”


Me quedé detrás de V. El resto de comensales, si bien continuaron sus conversaciones, no dejaban de OBSERVAR la nueva situación. M me miró y comenzó dándole una fresa con los dedos… V la mordió y lamió divertida aquellos dedos durante un par de segundos.


Luego S tomó un pedacito de tarta, pero esta vez entre sus labios, y lo acercó a los de V… Ella dio un respingo, pero inmediatamente se relajó y se dejó besar dulcemente entre nata y bizcocho, por aquel desconocido.


- “ V… -le susurré con cariño al oído- este es mi REGALO de cumpleaños y como ves, es muy especial... ahora TÚ eres quien decide si quieres cumplir esa fantasía tuya, o prefieres dejarla en tu imaginación para siempre… Recuerda que hoy estás totalmente a salvo, pues YO controlaré la situación para ti, y estaré en todo momento a tu lado… y además, sabes que nadie de ellos hará nada que tú no desees…”

- “ Yo… uf, no sé, yo… me da tanto morbo la idea, pero…”

- “ V, dime tan SOLO una cosa… ¿quieres MÁS de lo que has probado hasta ahora?”

- “Yo… – dijo suspirando, y como rindiéndose al fin – Sí… joder, ESE el problema... que SÍ quiero más…”

- “Entonces acepta mi regalo y preocúpate sólo de abandonarte al placer de disfrutar de todo lo que sientas… Desde ahora mismo y en adelante, confía en mí... Por cierto, ¿recuerdas eso de la OBEDIENCIA ciega que me debes esta noche?

V asintió con la cabeza

- "Perfecto… porque ha llegado el momento de empezar a PEDIRTE algunas cosas…"

viernes, 30 de mayo de 2008

EL REENCUENTRO

Jamás se habían visto antes, pero cuando por fin lo hicieron, esa noche brindaron por SU REENCUENTRO.




Hasta entonces, sencillamente uno sabía de la existencia del otro, se limitaban a perseguir cada uno una pequeña parcela escrita de la vida del otro, y a pesar de no conocerse, habían conseguido por caprichos del destino, hacerse visibles en la distancia hasta llegar al aprecio. Un aprecio real y especial, que sólo puede surgir por alguien a quien reconoces como a un igual y ante quien no hay NECESIDAD de medirse.

Pero que NO exista la necesidad de medirse, no implica que no exista el DESEO de hacerlo. Y ese deseo coexistió de forma palpable toda la noche, junto con la confianza, y comodidad (rayando incluso la DELICIOSA pereza), de dejar fluir las horas junto a ese amigo de toda la vida al que acabas de conocer.




Tanto fue así, que les cerraron el restaurante.
Y luego les cerraron el bar de copas. Y pasearon por una ciudad casi desierta en la madrugada, sin otra intención aparente de ir más allá. Y aunque ambos eran conscientes que desde hacía mucho su deseo mutuo era manifiesto y así lo alimentaban en la distancia, esa noche no sintieron prisa alguna. Porque la LIBERTAD de no sentirse obligado absolutamente a nada, el RELAX de no tener que escenificar un plan preconcebido y el limitarse simplemente a DISFRUTAR de cada momento siendo uno mismo y sin esperar nada más, fueron las mejores sensaciones que sin duda compartieron.

Por cerrar, cerraron hasta el parking, donde simplemente aprovecharon para… DISCUTIR.
Discutir acaloradamente y con argumentos contundentes, si hacerlo en la primera cita era o NO lo adecuado… Y podría decirse que no pararon de discutirlo, ni tan siquiera mientras él le comía el coño a aquella dulce zorra viciosa, o ella se divertía saboreándole la polla antes de follárselo. Está claro que no hay nada como una buena... CONVERSACIÓN.


No recuerdo si al final llegaron a ponerse de acuerdo en sus conclusiones. Quizás consideraron oportuno seguir discutiéndolo en una hipotética segunda cita… Cita que, como en la primera, ambos sabían que podría haber finalizado perfectamente, sin tan SIQUIERA haberse dado un beso…

… ¿verdad, Apolo?

Para ti, Apolo.
Por nuestro reencuentro.

lunes, 3 de septiembre de 2007

A SUS PIES, MADAME...

Era una noche de SABADO, una como tantas otras noches de verano en las que había salido a bailar con mi grupo de amigos. Y es que debo confesar que adoro BAILAR, que no puedo estar dos minutos quieta si hay música sonando y que mis pies se mueven solos en cuanto oyen el primer compás… Abandonarme a merced del ritmo es algo que me hechiza, me hipnotiza y es capaz de transportar mi espíritu a universos paralelos de euforia y placer, a un estado lo más parecido que se pueda experimentar después del éxtasis…


Es quizás por ello que quien me conoce, sabe que soy capaz de bailar y bailar sin parar durante horas y horas… y eso es precisamente lo que hice aquella noche. Tanto, que mis pies acabaron doloridos, por no decir rotos, como no podía ser de otro modo después de haber aguantado tanto tiempo subidos en mis preciosas sandalias plateadas de tacón.

Fue entonces cuando me senté, como a eso de las 5 de la madrugada, en aquella zona un poco más retirada, junto al gran muro de cristal con una fila de cojines como asiento, y allí me quité los zapatos. Apoyé mis pies desnudos sobre la deliciosa tela acolchada y empecé a masajearlos suavemente para aliviar el dolor. Y no fue hasta entonces cuando me di cuenta que M. estaba junto a mí, y me observaba totalmente absorto… o mejor dicho, estaba observando totalmente absorto MIS PIES…



- “¿Es que te hacen gracia mis pies?” – le pregunté divertida

Sorprendido y un poco ruborizado, como niño pillado mirando por una cerradura, atinó a decir no sin esfuerzo:

- “Bueno… esto… tus pies, no… bueno sí… bueno, es que me gustan tus uñas pintadas de negro, las vi antes y me parecieron tremendamente excitantes, no sé…y además me encantan esas sandalias, te hacen un pie realmente delicioso..."

- “¿Un pie “DELICIOSO”? –dije yo- Anda que ya te vale, ¡¡¡ni que te lo fueras a comer con patatas…!!!” .Y solté una carcajada.

M. no acertó a decir palabra, pero cuando le vi ruborizarse y agachar la cabeza, lo entendí todo… ¡¡¡M era un FETICHISTA de los pies!! Sorprendida y complacida por mi descubrimiento, decidí ir un paso más allá.

- “M… - le cogí tiernamente de la barbilla levantando su cabeza, y mirándole a los ojos, con toda la complicidad del mundo, le dije: “... ¿acaso te gustaría darme un masaje en los pies?”

- “Bueno… sólo si tú quisieras, yo…” - respondió, aún un poco aturdido.


Y así fue como M. se acomodó en la fila de cojines, justo enfrente de mí, y tomó mi pie con un cuidado exquisito, con una delicadeza infinita, y empezó a acariciar primero mi empeine, luego la planta y por último cada uno de los dedos de mis pies… Lo hacía con el mismo esmero y dedicación como si se tratara del más bello RITUAL… y yo, para qué negarlo, me dejé llevar por una sensación indescriptible que recorría mi cuerpo, de una forma nueva, como si mis pies cobraran vida propia o fueran por sí mismos una fuente de placer que nunca antes había experimentado…

En ese momento, M depositó suavemente mis pies sobre los cojines, como dando mi masaje por finalizado, y con mucha dulzura los BESÓ. Levantó su cabeza para mirarme agradecido, y entonces… Le miré. Y sin dejar de clavar mi mirada en él, levanté mi pierna derecha, y con mi pie aún desnudo, le acaricié la mejilla, y luego el pelo, y sus labios, y volví a dejarlo sobre sus manos… M, cerró los ojos, emocionado, como para disfrutar de ese momento fugaz.

Al instante, era él quien me estaba mirando fijamente, con una mirada mezcla de incredulidad, gratitud y deseo contenido… Y cuando le devolví la mirada, encendida como el deseo que acababa de despertar en mí, libre de prejuicios al fin, empezó a besar mi pies, a mordisquearlos, a LAMER dulcemente mis dedos… cada uno de sus estudiados movimientos provocaba en mí un cúmulo de sensaciones increíbles, y me estaba volviendo loca de placer… ¡¡¡simplemente a través de mis pies!!!


Y M, por su parte, estaba también realmente excitado… como pude comprobar, con mi pie, a través del pantalón. Empecé a juguetear con su entrepierna, amasando sus partes por encima del vaquero, primero con el pie derecho, luego con los dos, subiendo hacia su pecho, volviendo a bajar hasta sus piernas… lo cierto es que yo también me excité y mucho. Por primera vez en la noche, me incorporé y me acerqué a él, ordenándole al oído con un dulce y pícaro susurro: “¡Desabróchate el pantalón..!"

M lanzó un suspiró ahogado de placer… y viendo cómo yo volvía a reclinarme sobre los cojines de nuevo, me miró excitado y se bajó la cremallera sin dudarlo. Mis dedos jugueteaban traviesamente, y final acabaron colándose por entre la ropa… Ahora podía sentir su carne, su pene caliente y rígido, tan sólo con los dedos de mis pies… Era totalmente distinto a tocar con las manos, era como manejar una información que ya conocías, pero desde un punto de vista completamente nuevo, era una sensación inmensamente más rica en matices, era sencillamente… TERRIBLEMENTE EXCITANTE.
Y eso no fue nada, comparado con la indescriptible satisfacción que me recorrió cuando minutos después pude sentir una humedad caliente y viscosa sobre mi pie.

M respiraba entrecortado, sudoroso, aún desencajado… No sé cuánto tiempo estuvimos jugueteando así, pero lo cierto es que nos habíamos abstraído y descolgado totalmente del mundo exterior, de la música, del resto del grupo, y no podíamos dejar de abrazarnos y sonreír… y entonces fue cuando nos dimos cuenta de que los camareros del local estaban empezando a barrer. Divertidos, nos fuimos a su casa, donde seguimos con nuestros JUEGOS y las campanas de misa de diez fueron el único testigo del fin de nuestra noche de pasión.

El MARTES siguiente, llegó a la oficina un mensajero con un paquete para mí.
No pude más que sonreír, y más cuando mis compañeras palidecían de envidia al verme sacar de una preciosa caja, unas increíbles SANDALIAS de raso negro, que por su nombre proprio, costaban más de lo que ninguna de nosotras ganaría ese mes. Una nota acompañaba al paquete, donde escrito a mano sobre un papel verjurado se podía leer:
“Eternamente A SUS PIES, Madame…”

Para ti, M.
Porque contigo sentí que tenía el mundo a mis pies.

sábado, 4 de agosto de 2007

LA SIESTA

Era casi finales de verano, y sus padres estaban aún de vacaciones, por lo que mi amigo J decidió aprovechar esa magnífica ocasión para reunir el sábado a todos los colegas en su casa de campo, y hacer una FIESTA. Así se lo hizo saber a todo nuestro grupo de amistades, de modo que todo el mundo estaba invitado a participar a partir de las 8 de la tarde.

Yo vivía relativamente cerca de J, al igual que P, por lo que ambos nos brindamos para ir a la hora de comer y así echar una mano a J con los preparativos de la fiesta. Cuando llegamos, sobre la una de la tarde, el calor de septiembre se hacía sentir aún, por lo que decidimos darnos un baño en la piscina y tomar un poco el sol. El agua estaba divina, y lo cierto es que los tres nos reímos mucho, chapoteando como críos, librando batallas en el agua, y disfrutando con el contacto inocente de nuestros cuerpos.

He de decir que J, aunque no era objetivamente hablando un tío guapo, sí era un tipo francamente atractivo: moreno, de pecho musculoso y espaldas interminables, piernas bien torneadas por el deporte, y por qué no decirlo, con un culo que nos hacía suspirar a todas las chicas de la pandilla. P por el contrario, era el típico chico delgadito, de apariencia frágil y delicada, tez blanquísima y mirada franca, rubio de ojos claros, algo tímido (lo cual nos gustaba a todas) y con una actitud siempre positiva ante la vida. No podían ser dos chicos más distintos, y sin embargo, eran dos de mis mejores amigos.

Precisamente por ello, y por la confianza que nos unía, además de haber estado otras veces juntos en escapadas a la playa, etc, esa mañana, al finalizar nuestro baño, yo me puse a tomar el sol en top-less en el césped. La casa de campo estaba bastante apartada, y los altos muros del jardín nos protegían de cualquier mirada indiscreta, por lo que me pareció una idea de lo más estupenda para volver un poco más morenita y sin marcas. Los chicos no le dieron importancia alguna, se lo tomaron como algo de lo más natural, y estuvimos al sol como hasta las dos y media, en que decidimos ponernos manos a la obra con la barbacoa.

Así, yo me volví a poner mi bikini al completo, junto con un delantal, y después de luchar con las ascuas un buen rato, entre risas nos pusimos tibios de choricitos, panceta, chuletas, y VINO blanco… sí, ese vino blanco TRAIDOR.

Como aún faltaba tiempo para que llegara el resto de la pandilla, hacía un calor sofocante a esa hora, y el buen comer y beber invitaba a la somnolencia, propuse echarnos una SIESTA. La idea fue bien acogida, y nos echamos en la cama de matrimonio de la habitación grande, que tenía aire acondicionado. Nos quedamos fritos casi al instante, y he de decir que la siesta fue muy placentera… aunque no tanto como el despertar.

No puedo decir cuánto tiempo pasó desde que nos echamos, ni cuánto habíamos dormido, sólo recuerdo vagamente que me desperté EN MEDIO de J y de P, tal y como nos habíamos acostado tiempo antes, pero ahora cada uno de ellos me tenía abrazada desde su lado, a la altura de la cintura. Ellos seguían dormidos, plácidamente. Yo estaba realmente a gusto y muy relajada, y ante aquella situación tan curiosa, decidí ser un poco mala y empezar a acariciar los brazos de J y de P, lentamente, como haciéndoles traviesas cosquillitas… y no podía dejar de sonreír para mis adentros, divertida, cuando sentía el efecto que mis caricias causaban en ellos. Al final decidí ser buena y dejar de aprovecharme… aunque no me moví de entre aquellos dulces brazos que me rodeaban a PARES, y cerré de nuevo los ojos, aferrándome a los últimos minutos del remolón, que según dicen, son los que más se disfrutan.

¡¡Y tanto que los disfruté…!!
Lo cierto es que la situación se volvió increíblemente morbosa sin haberlo yo previsto, y es que de pronto, sentí que la mano de J empezaba a ACARICIARME tímidamente la cintura… Y la de P comenzó a hacer otro tanto de lo mismo, pero justo desde el otro lado. En ese instante, yo no sabía qué hacer ni qué pensar, lo cierto es que era la primera vez que me encontraba en una situación así, y no era en absoluto desagradable, más bien todo lo contrario. Así que decidí quedarme muy quieta y ver por dónde seguía la cosa… Y la cosa siguió, subiendo de tono… Ahora podía sentir ya las manos de J y de P deslizándose suavemente por mi barriguita, por mi cadera, por la cara exterior de mis muslos, por mis brazos, por mi cuello… Yo estaba realmente encantada, nunca antes había sido acariciada por dos manos de personas distintas, de movimientos imprevisibles, y totalmente independientes entre sí… Y me gustó, realmente me excitó mucho.



Tal fue así, que decidí comenzar a participar activamente de aquella fantástica experiencia. Y de este modo, con los ojos cerrados y sin mediar palabra alguna, empecé a recorrer con mis propias manos aquellos DOS cuerpos masculinos, uno a cada lado de mí… Acaricié sus piernas, sus brazos, sus pechos, intentando no volverme loca con la información tan dispar que provenía de cada una de mis manos, además del creciente placer que notaba al sentirme recorrida por todos aquellos dedos indomables… dedos que habían perdido ya su timidez y habían comenzado a rozar mis pechos y mi pubis por encima del bikini, que estaba empezando a empaparse por momentos. Mi excitación era inmensa, y decidí averiguar por mí misma cuánto de intensa era también esa excitación en mis dos compañeros de TRAVESURA… Posé mis dos manos encima de cada uno de sus bañadores, y puede comprobarlo al instante: estaban tan excitados, o más, que yo.

Cuando noté sus miembros erguidos e impresionantemente DUROS despuntando bajo la suave tela del traje de baño, no puede evitar lanzar un suspiro… Y empecé a acariciarlos con verdadera devoción, primero delicadamente y por encima del bañador, y luego, con auténtico ardor por debajo de él. Nunca olvidaré el momento en que fui CONSCIENTE de que estaba agarrando un par de pollas diferentes a la vez, una en cada mano, ni el inmenso placer que me suponía comenzar a masturbarlas al unísono, sentir su calor, su piel de formas distintas, y cómo reaccionaban ante mis dedos…


El ambiente se caldeó con pequeños gemidos reprimidos, y ahí fue cuando sentí la necesidad de abrir mis ojos, como para creerme que aquello estaba sucediendo de verdad. Y vaya si estaba ocurriendo: J y P estaban a mi lado, boca arriba, DISFRUTANDO del momento tanto como yo, tensos, excitados, casi inmóviles y con los ojos cerrados, tan sólo revolviéndose de placer cuando mis manos hábilmente recorrían y jugueteaban con sus deliciosos miembros… No puedo recordar a día de hoy quién se corrió primero, si J ó P… pero lo cierto es que en un momento dado, noté mis dos manos llenas de su cálida leche, y eso me hizo sentir la mujer más poderosa del mundo.

Cuando retiré mis manos y creí que todo había terminado, oí un “shhhh…!” y me quedé quieta. Es cierto que yo estaba muy excitada, pero me había concentrado tanto en las sensaciones de aquella doble masturbación, que me había olvidado un poco de mi propio placer… Por suerte para mí, parece que ni J ni P lo habían pasado por alto.

Así fue como ellos dos empezaron a juguetear entonces conmigo, acariciándome por encima y por debajo del bikini, sin piedad, y mientras una mano me sobaba los pechos, y pellizcaba suavemente mis pezones, otra, se colaba por entre mis muslos, y buscaba mi clítoris… Yo no es que estuviera caliente… ¡¡¡es que ARDÍA entera en deseo!!! Hubo un momento en que aquellas dos manos distintas se concentraron ambas en mi coño, jugando entre sí y por separado, con mi vello, con mis labios inflamados, trabajando concienzudamente en mi clítoris, hundiendo sus deditos a la vez en mi raja completamente húmeda... y me corrí. Me corrí como nunca, GIMIENDO y gritando de placer hasta la extenuación, sobre aquellas dos manos inquietas, que ahora se retiraban delicadamente.

Cuando eso ocurrió, me abandoné a la calma que sigue al placer, intentando sosegar mi cuerpo, incapaz siquiera de abrir los ojos, y consciente de la increíble sensación de vergüenza que podría suponer enfrentarse a la realidad del instante siguiente... Fue entonces cuando P, incorporándose como si tal cosa, dijo:

- “Chicos, son las 7… y esta panda estará a punto de llegar en nada… ¿Alguien quiere una coca-cola?”

Y se fue tranquilamente a por esa coca-cola a la cocina.
P y yo nos miramos divertidos, y nos levantamos también. Una vez en la cocina nos dimos un beso CÓMPLICE en la mejilla los tres, y enseguida comenzamos a preparar las fuentes con aperitivos para la gente que empezaría a llegar apenas unos 20 minutos después.

En todo el tiempo que hemos seguido teniendo relación J, P y yo, NUNCA hemos hablado ni hecho referencia a aquella tarde tan especial. Y nunca se volvió a repetir, al menos entre nosotros tres. Pero sé de buena tinta, que como a mí, aquella experiencia les marcó para siempre, y fue el inicio de una apertura sexual y de la superación de muchas barreras mentales, que ha sido muy importante , por no decir crucial, en cada una de nuestras vidas.

Para vosotros, J y P.
Por nosotros y por nuestro secreto.

lunes, 16 de julio de 2007

ELLA

Podía parecer a los ojos mundanos la criatura más frágil e inocente de la tierra.
Pero cuando ELLA clavaba en mí su mirada de ESA forma, yo sabía que estaba perdida…Daba igual lo que ocurriera dentro o fuera del mundo. Justo en ese mágico instante, todo a mi alrededor parecía desvanecerse, desaparecer, sumirse en una oscura y densa niebla que daba paso a un universo paralelo donde sólo existíamos nosotras dos.

No supe lo que era amar a una mujer hasta que la conocí. Y a pesar de haberlo imaginado mil veces, mis expectativas oníricas se multiplicaron exponencialmente la primera vez que me dio la mano y me sonrió. Ese día, sentí una mezcla extraña de alegría, pánico, rubor, deseo e intensidad, que nunca jamás había sentido antes. Sí, en efecto… Yo, una rompecorazones masculinos experimentada y hasta castigadora, una actitud libre nacida para seducir, yo… me derretía con cada palabra, con cada gesto, con cada mirada que me dedicaba aquella deliciosa mujer.

ELLA era hermosa y muy joven, con el pelo negro azabache largo hasta la cintura, de curvas generosas y proporcionadas, rasgos suaves, piel de puro algodón y una mirada inocente que embelesaba. Sí, para mí era la mujer perfecta, y yo, realmente, la adoraba.


La primera vez que hablamos, mi corazón latió con tal frenesí que creí llegar al borde del infarto. Cada vez que me sonreía, no podía evitar sentir un nudo en el estómago. Y cuando supe que ella compartía y me correspondía en esta desazón que me mortificaba desde hacía tiempo, ese día me miró, clavó sus ojos en mí de ESA forma, y compartimos el beso más largo y tórrido de toda nuestra vida. Y a partir de ahí fue un no parar de amor y deseo, meses de descubrimiento y liberación, de sexo divino y desenfrenado que nos dejaba exhaustas y rendidas cada tarde, hasta que un capricho del destino hizo necesaria nuestra separación.

Aún hoy, cuando en la noche recorro lentamente con mis manos mi cuerpo en solitario, hay veces que, por un instante, me parece volver a estar junto a ELLA, sentir sus labios, notar su respiración en mi cuello, su voz en mi oído, sus dedos dentro de mí… y no puedo evitar gemir intensamente de puro placer.

Porque hay recuerdos que están grabados a fuego en mi memoria… Y ella será siempre dueña de mi PIEL.

Para N.
La mujer de mi vida.

miércoles, 11 de julio de 2007

MASTER & SERVANT

Yo sólo sabía de ti, lo que les había oído contar a ellas, con voz estremecida y el miedo aún en el cuerpo, cuando se enteraban que las habías mandado llamar.
Nadie sabía en verdad tu nombre, sólo tu apodo, ése que se refería a la ciudad de donde venías, puntualmente, una vez al mes.
Tu llegada siempre suponía para todas ellas una exasperante mezcla entre el regocijo y el pánico, y la difícil elección entre una indecente suma de dinero sellada con sangre y el temor de ser la elegida para ello.
Todas sabían lo que suponía entrar contigo en aquella habitación, donde lo primero que hacías era cubrir el espejo. Y yo sabía perfectamente lo que suponía salir de ella, dado que preparé infinidad de cataplasmas de hielo y Trombocid, para aquellas desdichadas y necesitadas ninfas, cada una de aquellas interminables noches, una vez al mes…

De entre todos los espacios disponibles para desarrollar tus fantasías, elegiste el mío, para envidia de otras muchas que, maldiciéndome, veían desaparecer ante sus ojos aquella increíble oportunidad de negocio, otro mes más… Lo que no entendían era que, en realidad, en aquel momento, el espacio te era totalmente indiferente, porque tú… Tú ya me habías elegido a MÍ.

Y me habías elegido, porque detrás del monstruo que sólo veían ellas, tú sabías que yo te comprendía y te respetaba, en la misma medida que te despreciaba. Y eso te enfurecía, te exasperaba, y por supuesto te excitaba… porque en el fondo, sabías que NUNCA podrías tenerme.

Sería incapaz de recordar a estas alturas cuántas veces tentaste mis límites, simplemente para oírme negarme regocijada… o cuántas veces pusiste toda tu fortuna a mis pies, suplicándome un sólo roce, vendiendo tu alma al diablo por un único azote en mis nalgas de piel blanca e inmaculada, que vivían libres en tu imaginación… ¿tú lo recuerdas?

El tiempo pasó, y mientras las demás te volvían la cara por miedo, yo te invitaba a un café. Nunca dejaste a nadie que te mirara a los ojos, y sin embargo, yo me permitía desafiar tu mirada cada mañana, una vez al mes, después de cada sesión. Y tú condescendiente, me regañabas por ello, desde el cariño con que se habla a un niño indisciplinado, pero en el fondo encantado porque al menos habías conseguido algo de mí: un pedacito de mi rebeldía.

Tras muchas horas de conversación llegamos a conocernos, a respetarnos, y a entendernos cada vez mejor. Como siempre, tú seguías tentándome y yo seguía jugando, dándote esperanzas vanas, que iban socavando más y más tu impaciencia hasta la cita del mes siguiente.

Y así, llegó un momento en que yo deseaba secretamente que llegara cada día 5, y en que tú, a regañadientes, me confesaste que te tenía ya loco, que me necesitabas de un modo tan brutal que morirías y matarías por mí. Y yo, en verdad, en ese momento me relamía de placer, viéndote sufrir así… A ti, que habías sido el Amo y Señor del mundo la noche anterior, haciendo sufrir a otras, y que sin embargo, no podías dejar de humillarte cada mañana siguiente a los pies de aquella que te desafiaba constantemente y no podías tener… Y tu sufrimiento desesperado llegó a excitarme no imaginas cómo...


El sol de aquella mañana de mayo, tenía un tinte especial. Tú estabas especialmente hablador, y yo no dejaba de observarte. Te deseaba, pero de una forma muy distinta a como había deseado a cualquier otro amante habitual. Y ya lo había decidido. Sabía que había llegado el momento de medirme contigo y poner a prueba mis límites, así que decidí traspasar la línea y te pregunté mirándote directamente a los ojos, con una voz burlona a medio camino entre el susurro y el desafío:

- “¿Me deseas... AMO?”

Por unos segundos se hizo un silencio espeso mientras nuestras miradas se cruzaban duramente.

- “ ¡¡BASTA!!” – respondiste enfurecido y alzando un dedo amenazador– “No se te ocurra jugar conmigo…”

- “ ...Pero yo creía que lo que te gustaba era jugar...” – te dije mordiéndome los labios con toda mi intención.

Sonreíste, condescendiente.

- “Así que mi pequeña quiere jugar, ¿eh?…”

Su voz denotaba ahora cierto nerviosismo y le traicionaba un poco la emoción…

- “¿De veras que quieres jugar, mi dulce niña? Entonces... ¡aparta la mirada de tu Amo! ¡¡Inmediatamente!!”




Y así lo hice, muy obediente, y a partir de ese momento, me dejé conducir dócilmente de la muñeca hasta la habitación de su hotel, siete plantas más arriba de la cafetería donde cada mes nos reuníamos. Mientras subíamos en el ascensor, yo siempre con la mirada clavada en el suelo, él me susurraba al oído:

-“Sabes lo que más deseo en este mundo, ¿verdad? Has sido mala, MUY mala, y creo que ya imaginas lo que voy a tener que hacer contigo… Tú mejor que nadie conoces el castigo... Dime, ¿tienes miedo?”

- “No, mi Amo… ¿cómo podría tener miedo de ti?”

Pero lo cierto es que estaba inquieta, y nerviosa, porque conocía a la perfección sus preferencias y había visto ya en demasiadas ocasiones la marca de su cruel castigo en otras carnes. Pero a la vez, me sentía terriblemente excitada, y por alguna extraña razón que desconozco, confiaba ciegamente en él.

Llegamos a su habitación, y esta vez no cubrió el espejo. Una vez allí, sacó de su maleta un precioso paquete, envuelto para regalo, que me ofreció y me ordenó que abriera. Era un impresionante camisoncito de tirantes, de Chanel, corto hasta la cintura, bordado en seda y con preciosos encajes, y que según me confesó emocionado, había comprado tiempo atrás en París, pensando en mí, y que llevaba siempre consigo en cada una de sus escapadas mensuales, soñando con vérmelo puesto el día en que por fin yo decidiese entregarme voluntariamente a él… El gesto me pareció de lo más conmovedor. Y comprendí que para él, ese momento estaba siendo tan especial como el descubrimeinto de una novia virgen en su noche de bodas.


Me desvistió por completo con todo el mimo, y a continuación me puso delicadamente el camisoncito, y así me dejó, ataviada sólo con esa pequeña prenda que dejaba mi sexo expuesto y mis nalgas bien formadas al aire. El, totalmente vestido, estaba visiblemente excitado. Me hizo arrodillar en el suelo, sobre la alfombra, de espaldas a él y con las manos detrás de la cabeza. Y empezó a acariciarme. Me acarició lentamente la nuca, luego el pelo, los hombros, la espalda, la cintura… Me ordenó que separara bien las piernas y de pronto me cogió bruscamente el coño con su maño, y lo manoseó con notable e inusual habilidad. Yo estaba a punto, pero en mi último esbozo de rebeldía, me resistía inútilmente a gemir o jadear, a pesar de que estaba totalmente enajenada, estremecida, húmeda y excitada… y en ese momento, como no podía ser de otro modo, él me pidió dulcemente al oído:

- “Entrégate a mí por completo… sabes perfectamente lo que quiero de ti, mi pequeña… y ha llegado el momento, ¡dame el placer de escucharlo de tus labios...!
Sigo esperando... -musitó impaciente y enfervorecido- Vamos, ¡¡PÍDEMELO!!”

De pronto, perdida de deseo y muy despacio, volviéndome hacia él lentamente, y desafiándole de nuevo con la mirada, le respondí con un suave gesto de mi cabeza:

- “Sabes que no lo haré, mi Amo…”
“…a menos que seas TÚ quien me lo suplique, como te he oído hacerlo tantas otras veces, con esa vehemencia que sabes que me excita como nada en este mundo…”

Y con mi mejor carita de inocencia, delante de él, mordiéndome los labios y acariciando mi culito sonrosado, simplemente le susurré:

- “Vamos... has estado esperando este momento más de un año… Así que, demuéstrame cuánto lo deseas en realidad… Si de verdad quieres hacerlo, humíllate y pídemelo tú… ¡SUPLÍCAMELO! Sabes que después de oírte, yo no podré negarme…”


Y así fue como, en aquel momento, aquel hombre de nombre desconocido sonrió vencido, rindiéndose ante la evidencia de reconocer a su igual, y se hincó a mis pies suplicando como un niño bajando la mirada…

-“Por lo que más quieras, sabes que eres mi obsesión, mi vida, mi muerte, la única dueña de mis pensamientos... Tú sabes ya que eres mi AMA… Déjame que te dé un par de azotes en esas preciosas nalgas que me quitan el sueño o me volveré loco… por favor, por favor, por favor... aunque sea sólo uno, uno tan sólo, por favor…”

Y preparándome para lo que me esperaba, inquieta pero con voz firme y luciendo la sonrisa triunfal que sólo puede vestir el rostro del que se sabe vencedor, le respondí...

-“Te lo has ganado. Coge tu fusta. Y no uno... Que sean diez"


Para E.C.
Porque tú viste en mí esa parte de lo que soy.
“Let’s play… Master & Servants…” – DM