Mostrando entradas con la etiqueta HMH. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta HMH. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de agosto de 2008

EL BANQUETE (I)


En Frankfurt existe un restaurante muy exclusivo, de lo más peculiar: se trata en realidad de 7 pequeños comedores privados, todos de diferentes estilos y que se reservan individualmente para un máximo de 15 personas. Así, se puede elegir entre el salón Primavera, el salón Provenzal, el salón Venecia… Yo, para aquella ocasión tan especial, me decanté por el salón VICTORIA.

Se trataba de una lujosa estancia ornamentada con molduras en techo y paredes, enteladas con brocados exquisitos, y decorada en tonos crema, grises y negros. Una gran lámpara de araña iluminaba suavemente desde arriba el centro de la mesa, interminablemente larga, y dispuesta con todo lujo de detalles, como la del comedor de un palacio victoriano. Además, como en cada sala, tendríamos un único camarero totalmente a nuestra disposición, y el menú acordado subiría de cocina a través de un montacargas individual situado en un rincón de la estancia. Jamás vi en otro restaurante, mayor signo de exquisitez y privacidad. Quizás por ello, cuando lo conocí, tuve claro que sería el lugar perfecto para prepararle a V un BANQUETE inolvidable.

V era por aquel entonces, compañera mía de trabajo, además de buena amiga y confidente. Sentía verdadera curiosidad por algunos de mis episodios más íntimos, aunque luego no podía evitar ruborizarse cuando se los contaba, y precisamente por ello a mí me encantaba escandalizarla, y entre provocación y provocación, siempre acabábamos echándonos unas risas. Una noche, cenando y entre bromas, me dijo que ojalá ella fuera capaz de llevar a cabo aventuras como las mías, y animada por unas copas de buen vino, me confesó no sin cierta vergüenza, una de sus más íntimas FANTASIAS… Su forma de decírmelo, tan bajito, y visiblemente azorada, como un niño revelando el mayor de sus secretos, me enterneció. Y no sólo eso. Sin ella saberlo aún, yo había decidido ya ayudarla a traspasar sus límites, apenas un par de meses después.

Era una noche de mayo ciertamente agradable, ideal para celebrar una cena de CUMPLEAÑOS. El de V. Apenas un mes antes le propuse organizarle una pequeña fiesta con algunos de mis amigos, y cuando V aceptó encantada, yo sonreí. Esa misma tarde reservé el salón Victoria a mi nombre.

Me cité a las 8 con V delante de la puerta del restaurante. Por la mañana, en la oficina, le habíamos regalado un precioso vestido largo de gasa color burdeos, que le quedaba como un guante, así que la animé a ponérselo para la cena. Y así lo hizo. Cuando llegó, la verdad, estaba deslumbrante.

Pasamos adentro y Mark, nuestro camarero, nos condujo por un estrecho pasillo hasta nuestro salón. Antes de llegar, ya se escuchaba una suave algarabía detrás de la puerta. El entró primero, y sonriéndome de forma CÓMPLICE, cerró la puerta a sus espaldas mientras yo me quedaba fuera con V.

- “¿Preparada para celebrar tu paso a los 30?”.

- “¡Claro! Y de qué modo, una fiesta sorpresa…”– suspiró encantada V

- “Antes de entrar - le dije – debes saber que te voy a VENDAR los ojos… Y vas a cenar sin quitarte la venda, para así poner a prueba todos tus sentidos… Pero no temas, esta noche tú eres la protagonista, y aunque vas a probar cosas nuevas, estoy segura de que el MENÚ te va a encantar…”


Por último, mientras le colocaba un pañuelo de seda sobre los ojos, le pregunté:

- “¿CONFÍAS en mí, V?”

- “¡Qué pregunta…! Claro…”

- “¿Pero tanto como para obedecerme en TODO lo que te pida?” – insistí con intención

Ante la firmeza de mi voz, dudó un segundo… pero al instante se relajó y riendo contestó:

- “ Ciegamente… jajaja... Esta noche soy toda tuya…”

- “En ese caso… –dije solemnemente abriendo la puerta- ¡¡BIENVENIDA a tu cena de cumpleaños...!!”


Mark cerró la puerta tras de mí, mientras yo acomodaba a V en su sitio, presidiendo la mesa. Un murmullo generalizado de admiración rompió el silencio al ver a V, quien tímidamente dio las buenas noches.

- “ Buenas noches, amigos, y gracias a todos por aceptar mi invitación para prepararle a V un cumpleaños inolvidable…”

- “ Viniendo de ti, siempre es un placer, Cire…” – comentó uno de los asistentes

Sonreí a J.
En la estancia estábamos únicamente 9 personas.
V presidiendo la mesa. Yo, en el extremo contrario. Otros seis hombres, todos buenos amigos y mejores amantes, sentados a lo largo de la mesa. Y por supuesto, Mark, el camarero, al que ya había dado previamente explicaciones precisas de lo que allí podría acontecer.

- “ Bien, pues ahora que estamos ya acomodados, estas son las REGLAS: los que estáis sentados a cada lado de V, os vais a encargar de darle de comer y beber. Cada uno de vosotros le iréis dando a probar un plato distinto, para lo cual os turnando de lugar. Y tú por tu parte, V, aceptarás lo que te ofrezcan… aunque si en un momento dado algo te disgusta, dímelo, pues todos nuestros acompañantes están aquí para COMPLACERTE y me obedecerán ciegamente… al igual que TÚ. ¿De acuerdo?”

- “ De acuerdo…” -respondió intrigada y divertida…

- “ Muy bien. Entonces, Mark, cuando quieras, sírvenos la cena por favor…”



Mark fue colocando sobre la mesa los distintos platos que yo había encargado, al estilo de un buffé. Mientras el resto de invitados charlábamos relajadamente de nuestros viajes y aventuras, J y S empezaron a darle pequeños bocaditos de las exquisiteces que había en la mesa. Luego, fueron M y R, y finalmente A y P, quienes hicieron lo propio. V estaba entusiasmada con la velada, el vino la había desinhibido un poco, y charlaba y coqueteaba con sus comensales ANÓNIMOS, mientras yo por supuesto, no perdía detalle de la situación.

Tras la primera ronda, me acerqué a V por detrás y le susurré al oído:

- “ ¿Qué tal todo? ¿Te gusta lo que tomas, lo que escuchas, lo que sientes…? ¿lo estás disfrutando?

- “ Buff, ya te digo… hay dos de los chicos, el del marisco y el de la tempura, que tienen una voz que me poneee malíiisima… Dan ganas de…”

- “¿De COMÉRSELOS…? – le susurré pícaramente mientras le acariciaba suavemente el cuello

- “ Pues sí…” - sonrió algo cortada.

- “Entonces… A ver, M, S, venid aquí un momento –les pedí indicando que se sentaran uno a cada lado de V- vamos a comenzar con los postres…”


Me quedé detrás de V. El resto de comensales, si bien continuaron sus conversaciones, no dejaban de OBSERVAR la nueva situación. M me miró y comenzó dándole una fresa con los dedos… V la mordió y lamió divertida aquellos dedos durante un par de segundos.


Luego S tomó un pedacito de tarta, pero esta vez entre sus labios, y lo acercó a los de V… Ella dio un respingo, pero inmediatamente se relajó y se dejó besar dulcemente entre nata y bizcocho, por aquel desconocido.


- “ V… -le susurré con cariño al oído- este es mi REGALO de cumpleaños y como ves, es muy especial... ahora TÚ eres quien decide si quieres cumplir esa fantasía tuya, o prefieres dejarla en tu imaginación para siempre… Recuerda que hoy estás totalmente a salvo, pues YO controlaré la situación para ti, y estaré en todo momento a tu lado… y además, sabes que nadie de ellos hará nada que tú no desees…”

- “ Yo… uf, no sé, yo… me da tanto morbo la idea, pero…”

- “ V, dime tan SOLO una cosa… ¿quieres MÁS de lo que has probado hasta ahora?”

- “Yo… – dijo suspirando, y como rindiéndose al fin – Sí… joder, ESE el problema... que SÍ quiero más…”

- “Entonces acepta mi regalo y preocúpate sólo de abandonarte al placer de disfrutar de todo lo que sientas… Desde ahora mismo y en adelante, confía en mí... Por cierto, ¿recuerdas eso de la OBEDIENCIA ciega que me debes esta noche?

V asintió con la cabeza

- "Perfecto… porque ha llegado el momento de empezar a PEDIRTE algunas cosas…"

sábado, 15 de marzo de 2008

EL VAGÓN ROSA

Me encanta que dentro del correcto y ordenado mundo de la tradicional sociedad japonesa, exista un verdadero resquicio donde habita libremente la perversión. JAPÓN es un increíble país donde sus gentes rechazan cualquier tipo de contacto físico en público, y muestran un sagrado respeto por los demás, mientras sus mentes calenturientas son capaces de crear las más retorcidas historias HENTAI, de las que soy una auténtica y apasionada seguidora.

Aunque si hay algo que realmente me deleita de los japoneses, es la infinita capacidad que aún tienen para sorprenderme, como con sus imaginativas soluciones para cualquier tipo de problema. Ya se sabe, “a grandes males, grandes remedios”, y si encima están pintados de un llamativo color ROSA, pues mucho mejor. Digo esto porque la red ferroviaria de Tokyo, además de ser mundialmente conocida por los “empujadores” de las horas punta, al parecer en dichas horas, también eran más que conocidos y abundantes los acosadores de señoritas, que se dedicaban a los manoseos y la toma clandestina de fotos obscenas debajo de las faldas de las féminas. Así que, la curiosa solución japonesa para este problema fue reservar los dos primeros vagones de cada convoy en hora punta, únicamente para las mujeres, cosa que se advierte tanto en el vagón como en el andén, con un enorme cartel en color rosa fosforito. En serio, a veces sus ideas son tan absurdas como geniales, jajaja… y por eso los adoro, no puedo evitarlo.



Puestos es estos antecedentes, ya os podéis imaginar que una mente inquieta como la mía, no podía dejar de preguntarse qué pasaría… si una mujer buscara INTENCIONADAMENTE sentir el manoseo de esos pervertidos, aprovechando las aglomeraciones que inmovilizan a los pasajeros… Y así es como comenzó mi aventura.


Mi trayecto no era especialmente largo, apenas me separaban 35 minutos desde el hotel hasta la zona financiera, y creo que no recordaba un vagón de metro tan lleno desde mis años universitarios. Me acomodé en un discreto rincón, de pie entre todos aquellos hombres de anodino e idéntico traje gris, y me puse los cascos de mi ipod. El tren se puso en marcha, y en los 5 minutos siguientes no pasó nada, como mucho algún ligero roce debido al traqueteo y a las dos paradas siguientes casi consecutivas. Sin embargo, a partir de ahí, entramos en un tramo bastante largo entre dos estaciones, donde además de sentir una mayor velocidad, empecé a notar cómo el círculo de hombres que me rodeaba, comenzaba discretamente a estrecharse, hasta dejarme casi inmovilizada entre sus cuerpos…

De pronto, por detrás, sentí una mano sobre mi falda, en mi pierna, a la altura del muslo. Era un contacto leve y muy tímido, pero me encantó la idea de poder cumplir mi fantasía, así que deseando saber hasta dónde podría llegar, intencionadamente me aplasté más contra esa mano INOCENTE en la siguiente curva. El no saber a quien de todos aquellos rostros impasibles y desconocidos pertenecía esa mano, me ponía realmente a cien. Tanto me calenté, y tanto se hizo de rogar el siguiente movimiento, que ya estaba tremendamente húmeda cuando separé un poco más mis piernas para dejar campo libre a esa mano que turbaba mi deseo. Finalmente, así pareció entenderlo, y los primeros roces casuales se convirtieron ya en lentos intentos furtivos de levantar mi falda para llegar hasta mi piel.


Aquella lentitud me exasperaba, pues chocaba frontalmente con mi deseo de acción inmediata, y me obligaba a CONTENER mis ganas de ser traviesa y restregarme descaradamente sobre aquella mano desconocida… y ese ejercicio de contención aumentaba aún más si cabe mi calentura y mi placer…

Un cuerpo se pegó a mí por detrás, de pronto, y sentí claramente su entrepierna hinchada a la altura de mi muslo, mientras por fin sus dedos alcanzaban mis braguitas mojadas.



Nadie a mi alrededor parecía estar haciendo otra cosa que no fuera mirar al techo o a su periódico… pero había dos dedos que empezaron a jugar con mi rajita masturbándome con suavidad. Al momento, apareció desde atrás otra mano que acabó entre mi falda medio levantada, bajándome un poco las braguitas, y llegando hábilmente hasta mi coño sin pudor.

Yo me sujetaba como podía, agarrándome con fuerza a la abrazadera de la barra, pues sentía que mis piernas empezaban a flaquear por el placer… La situación era de un morbazo increíble, y yo llevaba ya un buen rato a punto de correrme... y NECESITABA gemir, y retorcerme con el placer... pero no podía hacerlo -realmente NO QUERÍA hacerlo aún- para no dejar escapar esas manos que tanto goce me estaban regalando…


…manos que ya se deslizaban a su antojo por mi coño, por mis muslos, por mi cintura, por debajo de la blusa sobándome también las tetas… ¡¡¡Dios, es que me encantaba lo que me estaban haciendo…!!! Pero lo que más me excitaba es que NINGUNO de aquellos hombres parecía inmutarse, al contrario, eran cómplices silenciosos que se apretaban con más fuerza aún si cabe contra mí, para cubrirse unos a otros en sus fechorías, mientras TODOS eran conscientes de aquellas manos del que se atrevía a realizar quizás la misma fantasía todos ellos compartían en su mente.



Una locución femenina en japonés anunció la llegada a la siguiente estación. No pude evitarlo y no quise demorarlo ya más: GEMÍ y gemí, ahogadamente, mientras me derretía sobre aquellas delicionas manos, que comenzaron a retirarse entre la multitud con la misma discreción con la que aparecieron. Yo también aproveché para colocarme mejor la falda y cerrar mi chaqueta disimulando así mi blusa revuelta.

Cuando me disponía a salir, y mientras se abrían las puertas de mi vagón, una cálida voz masculina susurró junto a mi oído: "Sayonara okashi onnanoko"... (algo así como “Adiós, mi niña-golosina”...)
Sonreí.
Y sin detenerme ni mirar atrás, me dirigí al vagón contiguo, marcado en color ROSA, para relajarme y así finalizar el resto de mi trayecto.

Por uno de mis países favoritos: JAPÓN.
Porque nadie debería morir sin descubrirlo.

sábado, 4 de agosto de 2007

LA SIESTA

Era casi finales de verano, y sus padres estaban aún de vacaciones, por lo que mi amigo J decidió aprovechar esa magnífica ocasión para reunir el sábado a todos los colegas en su casa de campo, y hacer una FIESTA. Así se lo hizo saber a todo nuestro grupo de amistades, de modo que todo el mundo estaba invitado a participar a partir de las 8 de la tarde.

Yo vivía relativamente cerca de J, al igual que P, por lo que ambos nos brindamos para ir a la hora de comer y así echar una mano a J con los preparativos de la fiesta. Cuando llegamos, sobre la una de la tarde, el calor de septiembre se hacía sentir aún, por lo que decidimos darnos un baño en la piscina y tomar un poco el sol. El agua estaba divina, y lo cierto es que los tres nos reímos mucho, chapoteando como críos, librando batallas en el agua, y disfrutando con el contacto inocente de nuestros cuerpos.

He de decir que J, aunque no era objetivamente hablando un tío guapo, sí era un tipo francamente atractivo: moreno, de pecho musculoso y espaldas interminables, piernas bien torneadas por el deporte, y por qué no decirlo, con un culo que nos hacía suspirar a todas las chicas de la pandilla. P por el contrario, era el típico chico delgadito, de apariencia frágil y delicada, tez blanquísima y mirada franca, rubio de ojos claros, algo tímido (lo cual nos gustaba a todas) y con una actitud siempre positiva ante la vida. No podían ser dos chicos más distintos, y sin embargo, eran dos de mis mejores amigos.

Precisamente por ello, y por la confianza que nos unía, además de haber estado otras veces juntos en escapadas a la playa, etc, esa mañana, al finalizar nuestro baño, yo me puse a tomar el sol en top-less en el césped. La casa de campo estaba bastante apartada, y los altos muros del jardín nos protegían de cualquier mirada indiscreta, por lo que me pareció una idea de lo más estupenda para volver un poco más morenita y sin marcas. Los chicos no le dieron importancia alguna, se lo tomaron como algo de lo más natural, y estuvimos al sol como hasta las dos y media, en que decidimos ponernos manos a la obra con la barbacoa.

Así, yo me volví a poner mi bikini al completo, junto con un delantal, y después de luchar con las ascuas un buen rato, entre risas nos pusimos tibios de choricitos, panceta, chuletas, y VINO blanco… sí, ese vino blanco TRAIDOR.

Como aún faltaba tiempo para que llegara el resto de la pandilla, hacía un calor sofocante a esa hora, y el buen comer y beber invitaba a la somnolencia, propuse echarnos una SIESTA. La idea fue bien acogida, y nos echamos en la cama de matrimonio de la habitación grande, que tenía aire acondicionado. Nos quedamos fritos casi al instante, y he de decir que la siesta fue muy placentera… aunque no tanto como el despertar.

No puedo decir cuánto tiempo pasó desde que nos echamos, ni cuánto habíamos dormido, sólo recuerdo vagamente que me desperté EN MEDIO de J y de P, tal y como nos habíamos acostado tiempo antes, pero ahora cada uno de ellos me tenía abrazada desde su lado, a la altura de la cintura. Ellos seguían dormidos, plácidamente. Yo estaba realmente a gusto y muy relajada, y ante aquella situación tan curiosa, decidí ser un poco mala y empezar a acariciar los brazos de J y de P, lentamente, como haciéndoles traviesas cosquillitas… y no podía dejar de sonreír para mis adentros, divertida, cuando sentía el efecto que mis caricias causaban en ellos. Al final decidí ser buena y dejar de aprovecharme… aunque no me moví de entre aquellos dulces brazos que me rodeaban a PARES, y cerré de nuevo los ojos, aferrándome a los últimos minutos del remolón, que según dicen, son los que más se disfrutan.

¡¡Y tanto que los disfruté…!!
Lo cierto es que la situación se volvió increíblemente morbosa sin haberlo yo previsto, y es que de pronto, sentí que la mano de J empezaba a ACARICIARME tímidamente la cintura… Y la de P comenzó a hacer otro tanto de lo mismo, pero justo desde el otro lado. En ese instante, yo no sabía qué hacer ni qué pensar, lo cierto es que era la primera vez que me encontraba en una situación así, y no era en absoluto desagradable, más bien todo lo contrario. Así que decidí quedarme muy quieta y ver por dónde seguía la cosa… Y la cosa siguió, subiendo de tono… Ahora podía sentir ya las manos de J y de P deslizándose suavemente por mi barriguita, por mi cadera, por la cara exterior de mis muslos, por mis brazos, por mi cuello… Yo estaba realmente encantada, nunca antes había sido acariciada por dos manos de personas distintas, de movimientos imprevisibles, y totalmente independientes entre sí… Y me gustó, realmente me excitó mucho.



Tal fue así, que decidí comenzar a participar activamente de aquella fantástica experiencia. Y de este modo, con los ojos cerrados y sin mediar palabra alguna, empecé a recorrer con mis propias manos aquellos DOS cuerpos masculinos, uno a cada lado de mí… Acaricié sus piernas, sus brazos, sus pechos, intentando no volverme loca con la información tan dispar que provenía de cada una de mis manos, además del creciente placer que notaba al sentirme recorrida por todos aquellos dedos indomables… dedos que habían perdido ya su timidez y habían comenzado a rozar mis pechos y mi pubis por encima del bikini, que estaba empezando a empaparse por momentos. Mi excitación era inmensa, y decidí averiguar por mí misma cuánto de intensa era también esa excitación en mis dos compañeros de TRAVESURA… Posé mis dos manos encima de cada uno de sus bañadores, y puede comprobarlo al instante: estaban tan excitados, o más, que yo.

Cuando noté sus miembros erguidos e impresionantemente DUROS despuntando bajo la suave tela del traje de baño, no puede evitar lanzar un suspiro… Y empecé a acariciarlos con verdadera devoción, primero delicadamente y por encima del bañador, y luego, con auténtico ardor por debajo de él. Nunca olvidaré el momento en que fui CONSCIENTE de que estaba agarrando un par de pollas diferentes a la vez, una en cada mano, ni el inmenso placer que me suponía comenzar a masturbarlas al unísono, sentir su calor, su piel de formas distintas, y cómo reaccionaban ante mis dedos…


El ambiente se caldeó con pequeños gemidos reprimidos, y ahí fue cuando sentí la necesidad de abrir mis ojos, como para creerme que aquello estaba sucediendo de verdad. Y vaya si estaba ocurriendo: J y P estaban a mi lado, boca arriba, DISFRUTANDO del momento tanto como yo, tensos, excitados, casi inmóviles y con los ojos cerrados, tan sólo revolviéndose de placer cuando mis manos hábilmente recorrían y jugueteaban con sus deliciosos miembros… No puedo recordar a día de hoy quién se corrió primero, si J ó P… pero lo cierto es que en un momento dado, noté mis dos manos llenas de su cálida leche, y eso me hizo sentir la mujer más poderosa del mundo.

Cuando retiré mis manos y creí que todo había terminado, oí un “shhhh…!” y me quedé quieta. Es cierto que yo estaba muy excitada, pero me había concentrado tanto en las sensaciones de aquella doble masturbación, que me había olvidado un poco de mi propio placer… Por suerte para mí, parece que ni J ni P lo habían pasado por alto.

Así fue como ellos dos empezaron a juguetear entonces conmigo, acariciándome por encima y por debajo del bikini, sin piedad, y mientras una mano me sobaba los pechos, y pellizcaba suavemente mis pezones, otra, se colaba por entre mis muslos, y buscaba mi clítoris… Yo no es que estuviera caliente… ¡¡¡es que ARDÍA entera en deseo!!! Hubo un momento en que aquellas dos manos distintas se concentraron ambas en mi coño, jugando entre sí y por separado, con mi vello, con mis labios inflamados, trabajando concienzudamente en mi clítoris, hundiendo sus deditos a la vez en mi raja completamente húmeda... y me corrí. Me corrí como nunca, GIMIENDO y gritando de placer hasta la extenuación, sobre aquellas dos manos inquietas, que ahora se retiraban delicadamente.

Cuando eso ocurrió, me abandoné a la calma que sigue al placer, intentando sosegar mi cuerpo, incapaz siquiera de abrir los ojos, y consciente de la increíble sensación de vergüenza que podría suponer enfrentarse a la realidad del instante siguiente... Fue entonces cuando P, incorporándose como si tal cosa, dijo:

- “Chicos, son las 7… y esta panda estará a punto de llegar en nada… ¿Alguien quiere una coca-cola?”

Y se fue tranquilamente a por esa coca-cola a la cocina.
P y yo nos miramos divertidos, y nos levantamos también. Una vez en la cocina nos dimos un beso CÓMPLICE en la mejilla los tres, y enseguida comenzamos a preparar las fuentes con aperitivos para la gente que empezaría a llegar apenas unos 20 minutos después.

En todo el tiempo que hemos seguido teniendo relación J, P y yo, NUNCA hemos hablado ni hecho referencia a aquella tarde tan especial. Y nunca se volvió a repetir, al menos entre nosotros tres. Pero sé de buena tinta, que como a mí, aquella experiencia les marcó para siempre, y fue el inicio de una apertura sexual y de la superación de muchas barreras mentales, que ha sido muy importante , por no decir crucial, en cada una de nuestras vidas.

Para vosotros, J y P.
Por nosotros y por nuestro secreto.