miércoles, 20 de febrero de 2008

NOCHE DE LOBOS


- “¿Dónde vas, linda CAPERUCITA?” susurraban voces anónimas a mi paso.

- “ Voy al bosque, en busca de mi lobo…”

- "¿Y qué es lo que llevas en esa cestita?”

- “ Caramelos y condones para todos…” – contestaba yo, riendo divertida.

- “¿Y no vas a dejar que te acompañe...?” – preguntaban los más osados.

- “ Mejor le haces compañía a mi abuelita…” – respondía yo con picardía.


De este modo tan curioso es como entre laberintos de risas, copas, bailes y fiesta, yo iba siguiendo tus pasos, rastreando tu presencia. Moviéndome despacio acorralada entre manadas de LOBOS hambrientos...

Sintiendo sus ojos lascivos clavarse en lo alto de mis muslos, donde un mini-vestido de vinilo negro dejaba asomar el final de unas medias de red. Sintiendo su morbo a flor de piel y su miedo a ser víctimas de mis tacones de vértigo. Pero no era a ellos a quienes buscaba, no eran ellos a quienes yo deseaba… Esa noche sólo tenía HAMBRE de TI. Un hambre de sexo y seducción, inmensa, desmesurada, sin límite, casi tan FEROZ como la fama que precede al lobo...

Mi lobo....

TÚ.


Nos reconocimos al instante.
Tú por mi capa roja, yo por tu mirada SALVAJE.

Y cuando al fin te encontré, tus garras en mi espalda, tu aliento en mi cuello, tu lengua en mi coño, me recordaron que valió la pena haber cruzado mil bosques oscuros, sin ropa interior, tal y como tú me pediste… Para acabar AULLANDO y devorándonos como animales, frente a todos, aquella noche de locura desatada… Noche intensa y memorable como pocas, fiesta de lujuria y culto a la carne.

Noche de CARNAVAL.

Noche de lobos.

Para ti, J.T.
Por dejarme compartir tus instintos más salvajes.

sábado, 16 de febrero de 2008

SWEET VALENTINE

San Valentín.
Ese día irremediablemte empalagoso para dos.
Que si cenas románticas, que si ramos de flores, que si galletas en forma de corazón, que si “hoy te quiero mas que ayer pero menos que mañana…” Todo eso está muy bien, pero yo, que siempre he creído que el amor está reñido con la CURSILERÍA, vivo siempre ese día como cualquier otro y sin la obligación de sentir que se debe hacer algo especial para demostrar que estás más enamorado que nunca... Sin embargo, en aquella semana admito que me dejé influenciar por toda la propaganda “valentinera”. Y decidí regalarle una noche de San Valentín inolvidable a mi chico, por lo que así es como empecé a prepararle su DULCE sorpresa…

Él era maître de un conocido hotel y ese día iba a llegar de trabajar sobre las 3 de la madrugada. Yo le dije que a esa hora yo ya estaría metida en la cama y él debió pensar que sería durmiendo... Pobre ILUSO, no tenía ni idea de lo que le esperaba...

La tarde anterior me la pasé buscando en mil papelerías unos rollos de celofán transparente rojo con corazones blancos, que al final encontré.

Ya en casa, medí, corté y preparé un enorme envoltorio de celofán, junto con unos grandes lazos, y pedí ayuda a mi vecina y buena amiga S, para llevar a cabo mi plan. No imagináis las risas que se echó cuando se lo conté, y prometió subir a eso de la una de la madrugada a mi casa para ayudarme.

A partir de ahí, me dediqué a prepararme tranquilamente. Primero, escribí una nota para mi amor, y la metí en un sobre. Luego, me di un baño de espuma, me pinté corazones rojos sobre el esmalte negro en las uñas de los pies, y me perfumé con la colonia favorita de mi chico, pues a él le encantaba olerla sobre mi piel. Por supuesto, también me arreglé el coñito, rasurando el vello en forma de corazón (¡qué menos para tal ocasión!). Después de esto, comencé a vestirme y decidí hacerlo como máximo con tres prendas. Así que finalmente opté por unas MEDIAS negras de encaje, junto con la PAJARITA y el CHALECO negro del uniforme de mi chico.... Solo eso, nada más.

Cuando llegó S a la hora acordada, y me vio de esa guisa, no podía parar de reírse… Me ayudó a colocarme en la cama, sobre el enorme pedazo de celofán rojo que yo había preparado, y comenzó a envolverme entera, como yo le pedí. La idea era crear un gran CARAMELO, en cuyos extremos iban atados dos lazos blancos, uno a la altura del cuello, y el otro sujeto a mis tobillos dejando ver mis pies. Y así es como entre risas y cachondeo, S acabó el envoltorio pegando la tarjeta que yo había escrito para mi chico, como broche final. Luego, apagó la luz, me deseó mucha suerte, y se fue dejándome allí sobre la cama de esa forma.

Faltaba casi aún una hora para que llegase mi chico, pero yo estaba tan emocionada con mi SORPRESA, que no tenía sueño. Así que, como estaba metida entera dentro de aquel caramelo a mi medida, brazos incluidos, decidí empezar a jugar con mis deditos... La verdad es que me excitaba mucho recordar cómo me había mirado S el coñito rasurado... cómo lo había tocado inocentemente… y cuando dijo "eso me lo tienes que hacer tú a mí algún día para darle yo la sorpresa a P..." no pude más que pensar en TODO lo que me gustaría hacerle a ella algún día... y también a su P. A pesar de no dejar de acariciarme, tampoco quería correrme, así que siempre paraba antes del momento clave, para mantenerme mojada y excitada al máximo para cuando mi chico llegara...
Y llegó.
Entró despacito pensando que yo ya estaría dormida, y le oí desnudarse con cautela. En plena oscuridad le susurré:
- “No estoy dormida… es más, te estaba ESPERANDO…”

Encendió la lamparita de la mesilla de noche, y no creo que olvide nunca su expresión cuando descubrió al fin su sorpresa... Para empezar, nos reímos los dos a carcajadas, y luego, él leyó la nota un tanto subida de tono que le había dejado en el sobre.
A partir de ahí, comenzó a desenvolverme con calma, primero el lazo del cuello, luego separando cuidadosamente el celofán de mi cuerpo… Cuando me vio completamente con mi indumentaria, y aspiró el aroma de su perfume mezclado con el de mi sexo, su cara de SATISFACCIÓN por el regalo, era ya tan evidente como su tremenda erección. Al final, decidió no desatarme el lazo que ataba mis tobillos, y empezó a lamerme los pies como castigo por haber sido tan mala… Luego, siguió subiendo por mis piernas, hasta meter su lengua entre mis muslos apretados y húmedos. Cuando descubrió el corazón sobre mi coñito, sonrió y jugó maliciosamente con él hasta hacer que me corriera en sus dedos, cosa que hice un par de veces jadeando con furia al poder desatar por fin todo el placer contenido anteriormente...

Y como era de esperar, la noche siguió, revolcándonos y follando como locos sobre una divertida y crujiente colcha de celofán de corazones....
¿Acaso se os ocurre otra forma más "dulce" de celebrar SAN VALENTIN?

Para C.
Porque a nadie le amarga un DULCE

jueves, 24 de enero de 2008

EL GOURMET

Dicen que todo lo que somos, es la suma de nuestras PARTES. Pero también es cierto que a veces, alguna de ellas puede ser tan absolutamente fantástica, que simplemente se convierta en el TODO por el que se nos reconoce.

A y yo, fuimos primero compañeros de trabajo, pero luego, una vez sabida por ambas partes nuestra común atracción por las mujeres, nuestra complicidad y confianza alcanzó tal punto, que me convertí casi sin buscarlo en la guardiana de su gran SECRETO. Cuando me confesaba sus escarceos, los compartíamos divertidos, e imaginábamos juntos cual sería el siguiente paso a dar. Sin embargo, era curioso que él siempre se detuviera y nunca quisiera llegar más allá de un mismo punto, y ese era precisamente, el de SABOREAR el sexo de una mujer.

En verdad, he conocido a pocos amantes como él.
Jamás oí a nadie hablar con tanta pasión y conocimiento del coño de una mujer. Su DEVOCIÓN por explorar y mimar cada rincón, cada pliegue, cada hueco de la divina cavidad, era asombrosa. Escuchándole, una podía imaginarse estar al lado de un alquimista concibiendo un nuevo perfume, y llegar a saborear absorta todos y cada uno de los infinitos matices con que describía minuciosamente el íntimo aroma femenino… un perfume frutal, amaderado, ácido, mezcla de tierra húmeda y dulzor de caramelo, el más increíble de los manjares que él jamás hubiera probado... Se trataba sin duda, de un verdadero GOURMET.

Por aquel entonces, yo estaba loca por otra MUJER, con lo cual, compartir con A mis deseos y fantasías, no sólo era estimulante, sino también de lo más didáctico. Sin embargo, llegó un momento en que en nuestras conversaciones, no sólo compartíamos experiencias, sino que jugábamos a provocarnos mutuamente, de forma casi imperceptible pero muy, muy CERTERA. Así, al final de cada una de ellas, yo me iba a casa realmente alterada, y en mi interior no deseaba otra cosa que no fuera sentir sus labios y su lengua recorriendo mi sexo... Y él, acababa igualmente soñando con mis piernas abiertas y mi coño DESNUDO dispuesto a su merced. Los dos éramos perfectamente conscientes de que eso acabaría ocurriendo… la única incógnita por resolver era el CUANDO.

Una noche después del trabajo, A y yo nos fuimos a tomar una copa juntos al bar de siempre, pero estaba cerrado, así que decidimos tomárnosla en su casa. Allí nos relajamos y empezamos una de nuestras conversaciones, como otras tantas veces, solo que esta vez estábamos acurrucados en el sofá, a media luz y susurrándonoslo todo al oído… Creo que los dos sabíamos lo que queríamos, pero para asegurarme, empecé a contarle con toda mi intención y sin omitir detalle, cómo esa misma tarde antes de entrar a trabajar había estado con mi chica jugando... cómo nos habíamos tocado... y cómo habíamos estado RESTREGÁNDONOS nuestros sexos uno contra otro hasta llegar al orgasmo… El se puso excitadísimo, y con su mirada más perversa me preguntó:

- "Oh, Dios, dime que después de ello no te has duchado… "

Sonriendo, y disfrutando del impacto que sabía produciría en él la respuesta, le contesté maliciosamente:

- “Hmmm... como llegaba tarde a trabajar NO me ha dado tiempo… una pena… ¿no crees?”

En ese punto, y sin duda alguna ya, nos abandonamos a una PASIÓN totalmente desenfrenada. Sin apenas quitarnos la ropa, nos abrazamos, nos besamos, nos acariciamos, y sin embargo, A, esquivó deliberadamente rozar siquiera mi sexo en todo momento, lo cual me hacía desearle aún MÁS. En un instante de inesperada calma para recuperar el aliento, él se hincó de rodillas y se abrazó a mis braguitas ya empapadas, como quien se prepara para degustar el postre más delicioso. Sentí cómo inspiraba mi aroma con verdadera devoción, y cómo empezó a acariciarme con un dedito increíblemente hábil, luego con dos, por encima de la blonda de encaje. Después, me bajó la braguita hasta las rodillas, y me separó las piernas con delicada firmeza. Hundió su cabeza entre mis muslos y empezó a desplegar todo su arte. Sus dedos, delicados y certeros jugueteaban lentamente con mi clítoris mientras su LENGUA MAESTRA recorría traviesamente cada rincón, cada pliegue, se sumergía y afloraba en mi rajita, y me saboreaba de un modo como nunca antes había experimentado. Consiguió que me corriera, no una, sino VARIAS veces hasta el delirio, mientras no podía dejar de IMPLORARLE, jadeante hasta la extenuación, que por favor no parase de comérmelo como lo estaba haciendo…

Acabé la noche chorreando entera sobre su cara, que luego lamí amorosamente, en señal de agradecimiento. No intenté volver a excitarle, porque sabía que sería INÚTIL. Porque como ya había comprendido desde hacía tiempo, el único modo que tenía A de satisfacer verdaderamente SU placer, era teniendo en sus brazos el venerado sexo de su amante, dispuesto a recibirle sin condiciones.

Hay quien creerá que A era un amante incompleto. Yo simplemente creo que era un perfecto GOURMET. Y la parte por la que se le reconocía y nunca se olvidaría su todo, es precisamente la que perdura aún en mi memoria cada vez que otro hombre, u otra mujer, acerca sus labios a mi coño.

Para A.
Porque pusiste el listón del 10 terriblemente alto.

MUERTE Y PASIÓN

Hace ya muchos años que dejé de llorar por mis personas queridas al abandonar este mundo. Quizás porque tuve que enfrentarme a ello muy temprano. Hay quien pensará que soy un ser insensible, pero nada más alejado de la realidad. Simplemente he llegado a comprender que la muerte no es otra cosa que la esencia de la propia vida, y como tal, no existe nada de trágico en ello… siempre y cuando esa vida haya sido APROVECHADA al máximo cuando llega a su fin. En otro caso, sí sería una verdadera tragedia.

Cuando digo a alguien que la muerte me PONE, sé que puede pensar que estoy loca. Pero no intento que la gente comparta mis criterios, ni tampoco busco o pretendo que nadie me comprenda. Es un tema difícil de explicar… pero cuanto más de cerca he visto a la muerte, más NECESIDAD he tenido de sentirme viva… Y por eso, siempre que la muerte merodea a mi alrededor, mientras el resto del mundo se empeña en volcar mares de lágrimas que nunca sintieron, yo comienzo a experimentar un ANSIA implacable por aferrarme al cuerpo desnudo de mi amor, y venerarlo, gozarlo, disfrutarlo y amarlo hasta el límite de la PASIÓN… porque ésa es la sensación más vital que conozco, y la única que puede realmente VENCER a la muerte. Será que en el fondo, muerte y pasión no son más que dos caras de una misma moneda.

Podrán decir que estoy loca… Yo prefiero sentir que sigo VIVA.

Para todos los que se fueron ya.
Porque la muerte no puede arrancaros de mi corazón.

viernes, 19 de octubre de 2007

¿JUGAMOS?

Recuerdo que de pequeña uno de mis juegos favoritos era el de ”la guerra de barquitos”, o por otros muchos también conocido como “HUNDIR LA FLOTA”.

Un simple papel cuadriculado bastaba para construir un tablero improvisado, hecho a golpe de boli azul, con una rejilla numerada de 10 casillas, o tantas como se pactase… 1,2,3,4,5... A,B,C,D,E... Un minuto para colocar tus naves… y ya estabas listo para empezar a jugar.




Delante de ti, frente a frente, tu rival. Pero convenientemente separados por un cartón, una caja, o un libro de texto de primaria abierto con el lomo boca arriba, a modo de tienda de campaña… (hoy día, con lo que cambian los tiempos, quizás sea por la pantalla de algún ordenador).

Y por delante, un reto, toda una estrategia por descubrir, poco a poco, sin prisas… Silencio a ambos lados, y todo tipo de conjeturas sobre el punto de esa cuadrícula donde el otro puede ESCONDERSE… y donde ambos están condenados a ENCONTRARSE. Una voz musita en apenas un segundo, un código secreto al que se le responde de inmediato, y que les hace cómplices en su juego. A flor de piel, la tensión de mostrar una parte de ti, de buscar una parte del otro, el placer de la victoria al acertar alguna de sus naves, unida a la agonía de irse sabiendo descubierto… tocado… y hundido.

Se dice de mí que soy una mujer tremendamente juguetona, y quienes lo dicen, siempre acompañan sus palabras con una sonrisa de complicidad. Y a mí, particularmente, esa sonrisa me ENCANTA, porque muy en el fondo sé o me gusta creer, que está provocada por algún recuerdo especial que algo tiene que ver conmigo, y que en ese preciso instante volvió a estar vivo en su mente.

Tengo una hoja de papel cuadriculado y también un boli azul… y he pensado que me encantaría ver en tu rostro, algún día, ese TIPO de sonrisa.

¿Jugamos...?


Para A.T.
Porque creo que serías un oponente delicioso.

martes, 2 de octubre de 2007

8 NEGRA y CARAMBOLA

Hay que ver las cosas que somos capaces de soportar las mujeres, sólo por hacerle un favor a nuestra mejor amiga. Y más, cuando ésta te mira con esos ojitos de cordero degollado, que NUNCA fallan, en medio de una noche de fiesta que hasta entonces estaba siendo perfecta, y te señala disimuladamente hacia su espalda, donde un poco más atrás ha dejado al pedazo de maromo que acaba de ligarse… En fin, es lo que podríamos llamar “Ley de amigas”, y ya se sabe… hoy por ti, mañana por mí.

Y así es cómo a regañadientes salí de nuestro local favorito, para dejarme arrastrar junto a mi amiga L, su macizón, y el acompañante de turno del susodicho, hacia aquel lugar indescriptible donde terminamos. Según el ligue de L, aquel garito al que nos dirigíamos pretendía ser un “espacio multidisciplinar que conjugaba la modernidad con la música de los 80, y una atmósfera íntima con el atractivo del juego”… En otras palabras, y traduciendo al cristiano: se trataba de un verdadero ANTRO, oscuro y largo como una cueva, cuya única modernidad se centraba en una decoración rayando en lo hortera, incluyendo neones color rosa delimitando la barra, y donde además, se jugaba al billar… ¡¡Valiente descripción la del amigo…!!




Pero bueno, allí estábamos ya los cuatro, así que nos dirigimos hacia la deslumbrante barra de neón y pedimos unas cervezas. Nos pusimos a charlar de cosas triviales, y como todos teníamos muy claro, L y su ligue no tardaron en “perderse” de la mano, con la EXCUSA de ir a ver el resto del local.

Lo cierto es que una amiga es una amiga, para lo bueno y para lo peor, así que intenté ser todo lo cortés que pude con el amigo del macizón. Y lo fui, creedme, hasta que claramente insinuó que nos había acompañado porque tenía la esperanza de “ir a encontrar”, JUNTOS, a nuestros amigos "perdidos"...

En fin. Os juro que hice verdaderos esfuerzos para no reírme en su cara, por pura educación. Y es que si en verdad algo NO soporto, son ese tipo de ideas preconcebidas, y más viniendo de una persona (en este caso, un hombre) cuya conversación podría competir duramente en grado de sensualidad e inteligencia, con la de un protozoo… Por todo ello, decidí que había llegado realmente el momento de perderle de vista. Así que le comenté que adonde pretendía ir yo, era al baño, y SOLA, y mejor que a la vuelta él estuviera ya ocupado conociendo a otra “exploradora”… Y me largué abriéndome paso entre la gente, a otra zona del local.

Mirándolo ya con otros ojos, y sin el pelma del acompañante a mi lado, aquel garito no estaba TAN mal. Muchos recovecos oscuros, muchas parejas metiéndose mano por los rincones al son de música ochentera (L incluída), mucho humo, eso sí, y un particular AROMA entre agrio y dulzón, mezcla de perfume barato, tabaco, muchedumbre, cerveza… y TIZA. Porque al fondo del local, y detrás de una cortina negra de terciopelo raído a medio recoger, se podía entrever una luz muy suave… Siempre me ha encantado ese sonido tan característico de la apertura de una partida, así que al escucharlo, me dirigí decididamente hacia aquella zona.



Al cruzar la cortina, llegué a un espacio algo más amplio, igualmente oscuro y cuya única iluminación era el reflejo de una lámpara verde sobre el tapete de una de las dos mesas de BILLAR. Había dos chicos jugando, pausadamente, en el centro de la estancia. Al otro lado, unos sillones negros de skay acogían a quienes seguían dándose achuchones sin parecer interesarles demasiado la partida. Yo me situé en uno de los rincones junto a la otra mesa de billar, arropada por la densa penumbra, y me limité a OBSERVAR.

Uno de los chicos, apenas un muchacho, era alto y desgarbado, con el pelo pincho y ciertamente desaliñado. El otro, vestido con unos vaqueros y una camisa de cuadros a medio remangar, tenía el pelo castaño, largo y rizado, y recogido en una coleta. Parecía guapo, pero no pude comprobar su verdadero ATRACTIVO hasta que se acercó al tapete para examinar una jugada, y la tenue luz me descubrió sus rasgos faciales, algo duros y angulosos, que llamaron poderosamente mi atención.



De hecho, no podía dejar de mirarle. Sencillamente me FASCINABA la concentración que su rostro reflejaba, el ver cómo medía cada palmo, y cómo construía dentro de su cabeza cada una de las jugadas… su forma de moverse alrededor de la mesa, lenta y estudiada, su suavidad manejando el taco, el modo de apoyar sus manos cuidadosamente sobre el tapete... me cautivaron definitivamente. No sé si fue por el alcohol que empezaba a hacer su efecto, o el ambiente denso y oscuro, con ese silencio roto por la música de fondo, el golpeteo de las bolas y algún suspiro en la zona de los asientos… pero lo cierto es que yo ya había empezado a preguntarme para mis adentros, si aquel tipo sería capaz de mostrar la misma CONCENTRACIÓN y templanza, la misma precisión y suavidad de movimientos, si sus mános serían tan habiles y cuidadosas... si ambos estuviéramos DESNUDOS, frente a frente. Y esa idea, poco a poco, se fue apoderando de mí.

La verdad es que el chico no jugaba nada mal… Y yo tampoco, si bien mi JUEGO era ahora bien distinto: me sentía totalmente excitaba por el hecho de ser su espectadora anónima, arropada por la oscuridad, cómplice escondida de sus movimientos y ARDIENDO silenciosamente en deseo… Así que me pegué más aún a la mesa donde me apoyaba, y me deslicé discretamente hasta sentarme en el suelo, acurrucada sobre mis piernas, y empecé a acariciarme lentamente.



Es curiosa la perspectiva que da mirar de abajo hacia arriba, y más cuando estás excitada. Ahora apenas podía distinguir su cara, o su pelo, o sus brazos, a esa altura simplemente me fijaba en sus vaqueros yendo y viniendo al compás de los golpes secos de las bolas entrando en cada tronera… me fijaba en cómo sacaba hacia fuera su CULO redondo y prieto mientras se preparaba para lanzar con el taco, o cómo permanecía inmóvil con las piernas golosamente entreabiertas, IGNORANTE de mis actos, apenas a unos metros de mí… En mis PENSAMIENTOS más obscenos, y mientras mi dedito se colaba también por un agujero, él se acercaba a mí, desnudo y excitado, y podía sentir sus fuertes manos llenas de tiza acariciar mi rostro... de pronto, y justo en la posición en la que me encontraba ahora, le agarraba fuertemente sus deliciosas nalgas y le empujaba hacia mí, para meterme en la boca su pene erecto y empezar a chuparlo con verdadera devoción…

- “Y para terminar, 8 NEGRA y carambola…” – soltó una voz grave y muy masculina, mientras lanzaba un último golpe, fuerte y meditado, que hizo entrar las últimas bolas…


Y con esa voz de fondo, que justo sonó para devolverme a la realidad en ese instante, sentí cómo me corría, en silencio, de puro PLACER.


No sé si fue por el levísimo gemido que no puede evitar emitir, o quizás porque al separarse de su mesa de juego casi tropieza con mis piernas encogidas, pero el caso es que D (que así se llamaba) acabó descubriendo mi presencia. Sorprendido al verme en el suelo y en medio de la oscuridad, se agachó inmediatamente para preguntarme en tono algo preocupado:

- “Perdona, pero… ¿te encuentras bien?”
- “¡No te imaginas tú cómo…!” – respondí yo, irónicamente.

Divertido e intrigado, me ayudó a incorporarme. Y así fue cómo quedé ATRAPADA por un instante, entre la mesa de billar a mis espaldas, y aquel torneado cuerpo que ahora se alzaba DE VERDAD junto a mí, frente a frente… Continuamos así unos minutos, sin movernos, en silencio, y observándonos muy, MUY de cerca… Tan cerca, como para sentir crecer una desesperada y morbosa TENSIÓN sexual entre nosotros.




- “¿Se puede saber qué hacías ahí abajo?” – preguntó él

- “ Pues… verte JUGAR…” – respondí yo, despacio y en tono travieso.

- “ Hmmm… ¿y qué tal lo he hecho? “- preguntó avanzando un paso más hacia mí, hasta quedar casi pegados el uno al otro. El tono de su pregunta se había vuelto también bastante juguetón.

- “ Pueeess... en mi imaginación, lo haces de maravilla… ¿sabes?” – respondí mirándole a los ojos, con toda la intención.

- “Bueeno, pues en ese caso, siempre puedo enseñarte a jugar, si eso es lo que quieres...” - me susurró al oído, con una cadencia que me hizo estremecer de nuevo. – “¿Te APETECE…?” – pero interrumpió la frase con un gemido, cuando mi mano se deslizó por entre su pantalón, descubriendo un delicioso secreto…

- “Lo que realmente me apetece ahora mismo… - le dije - es saborear tu polla y COMÉRTELA lentamente…”



Y volviendo de nuevo a mi oscuro escondite en la penumbra, despacio y sin dejar de mirarle, sonreí mientras empezaba a convertir mi sueño en realidad…



Para D.
Porque me encanta verte jugar al billar.

viernes, 7 de septiembre de 2007

HISTORIAS CRUZADAS

MI PUNTO DE VISTA...
Me desperté a su lado, con la tenue luz de la mañana entrando a través de las enormes cortinas, que cubrían el amplio ventanal de aquella habitación. Levanté ligeramente mi cabeza por encima de su pecho, me froté los ojos con la mano como para intentar aclarar la mirada, y lo cierto es que me quedé cuanto menos PERPLEJA: recordaba perfectamente cómo habíamos llegado él y yo juntos al HOTEL, pero lo que no tenía tan claro, era… qué hacía en el extremo opuesto de la cama, junto al hombre que se acostaba ahora mismo a mi lado, una pelirroja que parecía también plácidamente dormida... No me sorprendió lo más mínimo verla allí, la verdad, -Alejandro siempre ha tenido muy buen gusto tanto para los chicos como para las chicas-, pero sí me dejó algo intranquila el hecho de no poder recordar los detalles de cómo ella había llegado hasta allí. De todos modos, si os soy sincera, en realidad tampoco me importaban lo más mínimo.

Por eso, me quedé un rato más tendida en la cama, de lado, junto a aquellos cuerpos inertes, clavando el codo en el colchón y apoyando la cabeza dolorida sobre mi mano. Me apetecía disfrutar por un instante, en privado y casi FURTIVAMENTE, de aquella imagen tan inusual para mí, pero increíblemente bella, sensual, rodeada de un silencio perfecto, roto tan sólo por la respiración acompasada de ellos dos…

A mi lado, él dormitaba en lo que parecía un sueño feliz, con el pelo encrespado y esa barba de dos días que tanto me gusta, aunque pinche al besar... La aséptica sábana de algodón del hotel, le cubría un poco más allá de la cintura, dejando al descubierto su pecho torneado y suave… Lo acaricié con ternura y aspiré una vez más el perfume que emana su piel, como queriendo retenerlo dentro de mí; ese aroma varonil, persistente y dulzón, que me invita siempre a recorrer su cuerpo centímetro a centímetro, para acabar deseando besarlo sin descanso…

Volví la mirada hacia su pecho. Mejor dicho, volví la mirada hacia la MANO que descansaba lánguidamente sobre su pecho. Era larga, femenina y grácil, y tan blanca como el resto de la piel que alcanzaba a ver de aquella inesperada compañera de cama. Pude comprobar que tenía el pelo rojizo, largo y revuelto sobre la cara. Sin duda, era una chica bonita, y así dormida parecía aún más frágil de lo que su aspecto denotaba.
Con un gesto reflejo, coloqué mi mano encima de la suya… no sé bien por qué, pero algo me incitaba a sentir esa mano entre la mía, así que tímidamente acaricié cada uno de sus dedos con la yema de los míos… Ella, hizo un gesto y la movió, por lo que por un momento temí que pudiera haberla despertado… Pero no fue así, de modo que me volví a acurrucar en la cama, apoyando mi cabeza sobre el pecho de Alejandro, en la misma postura que estaba ella al otro lado, como si de una imagen simétrica en un espejo se tratase. Y no, no solté su mano... Lo cierto es que me resistía a soltar aquellos dedos ANÓNIMOS, suaves e intrigantes, así que seguí acariciándolos con todo mimo y cuidado.

Entonces el cuerpo de ella se movió, al tiempo que profería un leve ruido gutural. Mechones de pelo le caían aún sobre la cara, pero cuando levantó un poco la cabeza, pude distinguir sus labios entreabiertos y unos ojos desperezándose… SOLTÉ la mano de golpe, instintivamente, como cuando se descubre a un niño en plena travesura. Y entonces ella, imagino que sorprendida por la reacción, abrió los ojos de par en par. Y me miró. Me miró sin moverse ni un centímetro de donde estaba.
En ese momento, descubrí sus profundos ojos azules, dos inmensos pedazos de mar clavándose en mí, durante apenas un segundo, pero un segundo de tal angustia vital, que yo lo sentí durar años. Contuve la respiración. Su gesto frío de despertar inesperado, fue dando paso lentamente a una sonrisa amable… Respiré aliviada, pero aún descolocada susurré un tímido y casi imperceptible “buenos días”… Ella me contestó del mismo modo, y volvió a acomodarse en su postura inicial, sin parecer tampoco importarle demasiado mi presencia en aquella habitación.

Todo seguía en silencio, como momentos atrás, y ambas estábamos apoyadas sobre el mismo pecho, compartiendo la piel de ese mismo hombre que intuyo nos fascinaba a las dos por igual… solo que ahora, ambas estábamos DESPIERTAS, y mirándonos ya sin temor. Ella cruzó su brazo sobre el pecho de Alejandro, de modo que su mano quedó justamente al lado de la mía. Sin dejar de mirarla, no pude contener las ganas de volver a cogerla, así que entrelacé mis dedos con los suyos, y sonreí. Ella sonrió también. Tenía una sonrisa limpia, dulce y afable, y unos labios que invitaban sin palabras a conocerlos más de cerca.

Un cosquilleo inquieto despertó en mi interior… me pareció una mujer realmente fascinante.

SEGÚN EL PUNTO DE VISTA DE P...
Me desperté sintiendo su respiración y sin abrir los ojos, traté de recordar lo que había sucedido la noche anterior.....no quería abrirlos por temor a que todo hubiera sido un sueño y que Alejandro no estuviera a mi lado en aquella cama....

De repente alguien cogió mi mano, sabía que no era él porque tenía un tacto suave y me tocaba con delicadeza, entonces me dí cuenta, solo podía ser una mujer. Me hice la dormida, porque no quería asustarla y que esa magia se esfumara.

Al final la curiosidad pudo conmigo y abrí los ojos, y allí estaba ella, mirándome con curiosidad y con ojos asustados, así que para calmarla le regalé una sonrisa...entonces ella reaccionó y me dio los buenos días.

Nos volvimos a acurrucar en el pecho de ese maravilloso hombre que seguía dormido, ajeno a la atracción que la misteriosa mujer y yo estábamos empezando a sentir, y nos volvimos a coger de la mano.....Pude volver a sentir esa sensación intensa que había tenido la primera vez que ella me había tocado y no pude evitar volver a sonreír.

Ahora ella me miraba con deseo, por lo que pude intuir que estaba deseando besarme, y sinceramente yo compartía ese deseo, así que las dos nos incorporamos y dejamos que nuestros labios se fundieran en un profundo beso....el beso más dulce que me habían dado jamás.

Y mientras nosotras dejábamos que se desatase nuestra pasión, Alejandro seguía plácidamente dormido, ajeno a todo lo que estaba ocurriendo....o quizás no tan ajeno.


MI PUNTO DE VISTA...
Realmente no sé como ocurrió, pero lo cierto es que así fue.
Aquella preciosa DESCONOCIDA de increíbles ojos de cielo, no paraba de sonreírme. Pero su sonrisa era especial, era esa sonrisa que elige la complicidad cuando entiende que has compartido con alguien -aunque no te expliques aún como- uno de tus mayores tesoros... Así, poco a poco y sin dejar de mirarnos, fuimos acercando nuestras cabecitas, con sumo cuidado, como quien quiere llegar al oído de otro para abandonar allí un secreto susurrado... y así, sin más, nos besamos.
Sí, nos besamos.
Y fue un beso largo, lento y profundo.
Tan especial, que NO PUEDO quitarme de la cabeza sus labios suaves, su aliento cálido, su lengua dulce, su mejilla rozando la mía, su pelo alborozado junto a mi cara, su aroma embriagador de mujer, su piel tersa, su ojos entornados, su mirada cómplice... Realmente, aunque pudiera, NO QUIERO quitarme ese recuerdo de la cabeza.

Y Alejandro mientras, allí seguía, entre nosotras, dormido y ajeno a todo... mientras yo sentía cómo empezaba a hervirme la sangre, y me iba quemando por dentro el deseo contenido. Pero en esas despertó. Y creo que a ambas nos pilló un poco por sorpresa, a juzgar por el respingo que dimos, retirándonos un poco... Nos miró a las dos soñoliento aún, y adormecido pero con ese acento que me derrite, lo primero que dijo fue algo así como... "ahh, perdón... creo que ustedes aún no se conocen... ¿verdad?" Bostezó y volvió a acurrucarse debajo de la sábana.
Sonreímos las dos a un tiempo.
Quizás no nos conociéramos aún, es cierto, pero estábamos seguras de que lo que habíamos compartido, nos iba a unir irremediablemente por mucho tiempo ya.
De hecho, nuestras miradas volvieron a cruzarse, pero esta vez nuestras mentes conectaron al instante y de una forma realmente perversa... Creo que ambas acabábamos de COMPRENDER, en ese preciso momento, que en efecto, aún quedaba mucho por conocer y COMPARTIR... y para empezar, ¿por qué no aquel que se encontraba justo en medio de nosotras?.
Quizás el que menos lo había comprendido aún, era Alejandro... Y no creo que a esas alturas imaginase todavía, cómo íbamos a darle los buenos días...


Para P.
Porque fue un placer compartirte con Alejandro.