jueves, 2 de agosto de 2007

¿AÚN NO LO SABES?

En ese momento, ella aún no lo sabía.
NO SABÍA que yo me la imaginaba desde hacía tiempo, desde que oí su voz por primera vez al otro lado del teléfono, con una carita aniñada y pálida como iluminada por la luna, y sonriendo, siempre sin dejar de reír a raíz de mis comentarios.

Pero ese día todo era distinto, y es que... habíamos quedado para comer, en su casa. De hecho, ahora la tenía delante. Y también sonreía, de una forma igual de franca, pero muchísimo menos inocente.


Era verano, y el CALOR sofocante de la sobremesa nos obligó a huir del porche para buscar refugio dentro, en la cocina, estancia bastante más fresquita y agradable. Sacó un pedazo de SANDÍA de la nevera, y me ofreció. Estaba deliciosamente fría, y carnosa, y seguimos riéndonos de tonterías mientras nos dejábamos el alma mordiendo aquella jugosa rodaja encarnada, que parecía lo único útil para poder combatir el calor y refrescar el ambiente… al menos por un instante.


Lo cierto es que acabamos riendo a pleno pulmón cuando nos descubrimos pringosas y llenas de churretes, desde las manos al escote, la boca, el cuello, los brazos… Y acepté de buen grado su invitación de lavarnos las manos en el fregadero, que por un momento se tocaron y juguetearon inocentemente bajo el agua corriente.

De pronto, la miré, fijamente. Y la observé como mil veces antes la había buscado en mis SUEÑOS, sonriendo, tranquila, con el pelo revuelto y un simpático mechón cruzando su cara aún manchada de rojo… Solo que esta vez, estaba realmente allí, apenas a un palmo de distancia, con los labios húmedos de zumo de sandía, sonriendo tímidamente, mirándome (ahora sí, callada), con una mezcla de intriga, temor, pasión y ternura infinitas…

No pude hacer otra cosa que acercar mi mano a su rostro y retirar ese mechón de su melena con suavidad. Le acaricié el pelo, despacio, sin dejar de mirarla a los ojos, y luego cogí con mis manos aún mojadas su cara, apenas rozando sus mejillas, para comenzar a lamer delicadamente cada una de las gotitas con sabor a sandía que rezumaban indiscretas de la comisura de sus LABIOS



Nos besamos, larga y apasionadamente, primero de forma tímida, luego con ardor. El calor asfixiante que apenas media hora antes en el porche nos estaba matando, no parecía ahora tan peligroso comparado con el sofoco que comenzaba a emanar de nuestros cuerpos. Nuestras bocas parecían estar como SELLADAS contra la piel, no podíamos dejar de lamernos, besarnos, mordisquearnos, era imposible despegar nuestros labios, corroídos por el ansia de no querer dejar escapar el precioso objeto de nuestro deseo…

Volvimos a mirarnos, una vez más, y esta vez sí, sonreímos al unísono, quizás al descubrir que ya no había temor en sus ojos, ni rubor en los míos, sino una súplica CÓMPLICE y encendida por ambas partes de seguir adelante explorando nuestros cuerpos…

Y a ello nos abandonamos, con apasionado esmero, hasta ver desmayar el atardecer.
Para M.
Porque te deseo. ¿Aún no lo sabes?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Los sueños...las fantasias....pueden hacerse realidad....seguro ke M.,aunque sea un personaje de ficción o alguien real....te desea a ti con la misma intensidad....

Realmente......tentador